Jajajaja. Es que además no paramos con la cháchara. Y cuando se acercaba alguna chica de buen ver para alguna firma, o un comentario, o lo que fuera, se pegaba más a mí, jajaja. Después, unas amigas me llevaron a la casa de Paul Naschy, porque yo paraba allí, y a él lo dejaron en una parada de autobús. No sé en qué pueblo me dijo que vivía, pero creo que tuvo que esperar un par de horas. Si lo vuelvo a ver, le llevaré varios regalos a este tío porque se lo merece (a pesar de no dejarme ligar, jajaja).
Aquí está, como escondido, el muy bribón:
Y la dama que está conmigo es Elvira, la viuda de Paul y una de las personas más encantadoras que conozco:
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