Debo reconocer que al salir de la sala tuve dos sensaciones completamente contradictorias:
- Acabo de ver uno de los guiones más endebles de los últimos tiempos.
- Acabo de ver una de las historias de ciencia ficción más bellamente filmadas y emotivas que he visto en los últimos tiempos.
Y lo cierto es que, en ese preciso momento y en esa precisa hora, esa contradicción no me importó.
Por primera vez en mucho tiempo me he dejado llevar por la historia, por sus recovecos y desviaciones sin que, sencillamente, me importe casi ni un minuto por qué ocurre esto o lo otro y no lo contrario. Tal es la avalancha de escenas que esta road movie depara y tal es la intensidad y pulso con que la historia es narrada.
Pensándolo más detenidamente, es un bello artefacto en el que se entremezcla la mejor fotografía de
- Storaro en Apocalypse now
- Greig Fraser en Dune (sí, ya sé...)
- Cronenweth en Blade Runner
Y este bello envoltorio me sirve para que no me detenga en la limitadísima capacidad interpretativa del Sr. Washington (oírlo en VOSE es demoledor) o en los agujeros (a veces escandalosos) del guión, sin entrar en los momentos de "humor".
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Pero para mí hay un momento clave:
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Reconozco que a partir de ahí estaba entregado a la causa y comprendía y ansiaba conocer su destino. Que ello fuera acompañado finalmente de trágicos episodios como
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no hicieron más que reafirmarme en la convicción de que estaba ante una historia cuyo armazón central es denso, emotivo, reflexionado, pero cuyos detalles están llenos de absurdos sinsentidos.
El cine, como cualquier arte (y nuestra percepción de este), es totalmente subjetivo: cualquier otro día, momento o lugar esta historia podría haberme llevado a la risa o al desinterés, pero en ese preciso momento sentí que esos personajes tenían una motivación, una lucha justa que emprender y, a partir de ahí, los nimios detalles me parecían salvables. Quería que alcanzaran su destino sin importarme cómo y eso, en cine o en literatura, vale su peso en oro. Crearon un nexo de unión con mi particular interés y ya no me pude desenganchar, pero si esa unión no se produce es lógico que, fotograma a fotograma, vaya creciendo la perplejidad por los (a veces) inexplicables giros de la historia.
De ahí, supongo, las tan divergentes posiciones entre quienes han visto la película. No es fácil de explicar y sé de antemano que aceptaré todas las más corrosivas críticas que a la historia se puedan plantear, pero tampoco puedo dejar de sentir que, tras los errores, hay una gran historia, otras veces vista, pero una gran historia de amor, sacrificio y heroísmo. No es poco.