La primera temporada apunta alto, pero queda demasiado irregular, ya se le ven las costuras.
La premisa, la estética, los personajes y sus relaciones son estupendos. Pero los guionistas se obsesionan demasiado con el golpe de efecto a lo Perdidos, meter algo chocante al final de cada episodio, y empiezan a descuidar tramas latentes muy jugosas, como la recepción del público sobre lo que se cuece y el nacimiento de la resistencia. En vez de tener tanto tiempo a los protas dando vueltas por la oficina encontrando cosas raras deberían haber abierto más el foco hacia el exterior, porque las cosas raras empiezan a rozar lo absurdo por momentos, como la cabra. Así, hay mucho capítulo demasiado estirado.

De la segunda llevo cuatro episodios, y menudo destraste. Todo relleno y marear la perdiz, apenas cinco minutos de avance real, y además desperdiciando su potencial entre sandeces cada vez más gordas. El suspense ha desaparecido, ya es todo buscar el shock fácil, como en las últimas etapas de Perdidos. Y lo peor, se van diluyendo muy rápidamente los personajes y sus relaciones. Cada capítulo repite el cliché de sus personalidades, sin más sustancia y emoción.

Pinta mal la cosa. De quedarse en el fenómeno sobrevalorado de estos años.