Como era de temer, se ha abierto la puerta a la censura. A partir de ahora las productoras y distribuidoras se verán en la obligación de alterar los montajes originales de determinadas películas para que no se las prohiban en nuestro país.
Tras varias décadas en que las películas podían estrenarse libremente, con sus metrajes íntegros, han vuelto las tijeras de la censura.
Se impone una reforma de la ley obsoleta que incluya la eliminación de restricciones a determinadas salas (que ya son practicamente inexistentes) y la imposibilidad de estrenar películas que hayan sufrido alteraciones de metraje a la carta de la junta de calificación.




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