Hay en la película una idea interesante y desaprovechada: la secuencia hacia el final en la que aparecen imágenes de las películas de los años 60 y 70 de Caine, Courtenay, Broadbent y compañía en las que aparecen jóvenes. Ignoro si hubiese salido muy caro comprar derechos de algunas de estas pelis antiguas para hacer algo parecido a lo de Carl Reiner en "Cliente muerto no paga", en la que, gracias a la magia del montaje y el decorado, Steve Martin se codeaba con estrellas como Kirk Douglas, Barbara Stanwyck o Burt Lancaster. Remontar algunas de las escenas de aquellos thrillers setenteros para hacerlas pasar por flashbacks (aparte de la ventaja de contar con los actores originales aún vivos para redoblar fragmentos) habría dado más dimensión a ese homenaje cinéfilo que quiere ser en parte "Rey de ladrones".