Vista finalmente En presencia d’un clown (Larmar och gör sig till), producción de 1997 para la televisión basada en un guion del propio Bergman. Copia en versión original subtitulada en catalán, gracias a un ciclo sobre la música de Schubert en el cine (!!!) de la Filmoteca de Catalunya.
Primero algunas aclaraciones: el porqué de Schubert se justifica doblemente, tanto por el uso que se hace de algunos fragmentos de música de piano del compositor vienés, como por el hecho de que la vida (casi mejor decir la muerte, como resultado de una larga enfermedad originada por la sífilis) del joven músico ocupa un lugar central en el argumento.
Por otra parte, el título en catalán (o en castellano, “En presencia de un payaso”, o en inglés, “In the Presence of a Clown”) no es una traducción del original, que al parecer (cito imdb porque mi conocimiento del sueco es menos que básico) más bien intenta traducir la expresión “Struts and frets” que aparece en un fragmento del acto 5, escena 5, del “Macbeth” shakespeariano, fragmento que se cita en la obertura del film y que se corresponde con esta traducción al castellano: “La vida no es sino una sombra pasajera, un pobre actor que se contonea y consume su hora en la escena, y luego no se le escucha más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de sonidos y furia, y que nada significa.” Ese “struts and frets” parece que corresponde a eso que se traduce como “se contonea y consume”: Si alguien puede aclarar mejor este aspecto, se lo agradeceré. Esta digresión viene a cuento porque el payaso o clown del título en otras lenguas aparece ciertamente en el film (más bien, la payasa), pero como una presencia simbólica que sólo afecta a uno de los personajes, como comento de inmediato.
En el film confluyen la mayoría de puntos de interés que afloran en toda la última fase de la obra de Bergman como creador de imágenes: cine, música, teatro y, por encima de todo, las autorreferencias biográficas, además del tema de la muerte, central en toda su producción. El personaje central es Carl Akerblom, el hermanastro de la madre de Bergman, que en Fanny y Alexander respondía al nombre de Carl Ekdahl y estaba encarnado por el mismo actor, Börje Ahlstedt. Carl, un pintoresco inventor, está ingresado en un sanatorio mental (en cuyos pasillos Bergman hace un cameo como uno de los internos) donde va a coincidir con el profesor Vogler (Erland Josephson), otro de los enfermos. Carl y su amante, Pauline, y Vogler y su mujer, inician una aventura estrambótica: la primera película hablada en directo de la historia, es decir, un film en que las voces de los personajes están declamadas en directo por los mismos actores. El film trata sobre el amor de Schubert por Mizzi (¿prostituta?, ¿condesa?), su enfermedad y su trágica muerte (Carl interpreta a Schubert). La acción se traslada a la vetusta sala de cine de un pueblo azotado por una fuerte tempestad de nieve. Allí la representación va a contar con la presencia, entre otros espectadores (más bien pocos), de Karin Bergman, la madre de Ingmar (interpretada una vez más por Pernilla August). Al final, después de diversos incidentes que obligan a transformar la proyección en una representación teatral (el cine se convierte en teatro, la imagen en palabra viva), ficción escénica y realidad se funden en el desenlace. A todo esto, el payaso (o payasa) es una inquietante figura que se aparece a Carl ya en el sanatorio (y que lo ronda en la sala de cine), con un marcado simbolismo que nos remite a la muerte. Una muerte, en todo caso, provocativa y juguetona, con un alto componente sexual y escatológico (en el doble sentido de la palabra).
Si en El séptimo sello la Muerte era un personaje con la cara blanca de un payaso, aquí es directamente un payaso, en una ironía muy bergmaniana.
La película está filmada con un estilo marcadamente televisivo, siempre en decorados, con profusión de planos cortos. Una vez más, como en otros films de la última época bergmaniana, la fuerza radica por encima de todo en el texto y en las interpretaciones, excelentes todas ellas. Hay dos presencias a destacar, en especial para cinéfilos inquietos: Pauline, la amante de Carl, es Marie Richardson, que muchos recordaréis como la fogosa Marion de Eyes Wide Shut de Kubrick. También nos suena la cara del proyeccionista, Peter Stormare, el inolvidable doctor Solomo de Minority Report, de Spielberg. Además, localizamos también entre el público (que Bergman filma a menudo como las caras de los espectadores de La flauta mágica) a Lena Endre, actriz que hemos visto en Las mejores intenciones, de Bille August, e Infiel, de Liv Ullmann.
En resumen, un Bergman en estado puro, menos ambicioso quizá desde el punto de vista formal, pero tan potente como siempre en su contenido. Una nueva demostración que Bergman se tomó siempre muy en serio sus trabajos para la televisión. Y con este comentario creo que completo el periplo a través de la obra bergmaniana.




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