Pese a un cambio de contexto relevante (de 1971 a 2011, de Inglaterra a Mississippi) todo queda en la superficie. Actores mal escogidos (todos, salvo un Alexander Skarsgård que sabe pillarle el tono al asunto) y un director demasiado correcto (la escena de la violacion parece un anuncio de Mimosin). Carece de la violencia psicologica y la tension explosiva de su predecesora. Prescindible, pero tampoco molesta (acertados esos destellos feministas).




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