No es un problema, sino una confusión provocada interesadamente a la hora de promover el Blu-Ray. La publicidad, las definiciones, los lemas que se utilizan, o la publicidad implícita en algunos análisis, no hacen más que sustentar la idea o posibilidad de que la llamativa pulcritud que exhibe ese stand con una Sony Bravia y "Casino Royale" o "El reino de los cielos" repitiéndose constantemente es lo que el Blu-Ray significa. Lo que real y -sobre todo- genéricamente ofrece.
De hecho, obviando que la mayor parte de los consumidores aún no sabe muy bien qué es la Alta Definición, o el Blu-Ray, aquellos que la buscan o la esperan formando parte de una esfera media creen o aguardan que eso es realmente lo que van a encontrar. Como si un milagro extraño o desconocido fuera a borrar de un plumazo cualquier imperfección o rugosidad interpretada como tal en la imagen por esa mayoría.
Por eso, sin entrar a juzgar hasta qué punto la publicidad se puede considerar fideligna o no, sí es lícito que la gente -sin mayor conocimiento en profundidad o mínimamente especializado- llegue a pensar que la Alta Definición es así. No es un error producto de la ignorancia, sino lo que se les está vendiendo.
En particular, si tuviese un equipo de reproducción de Blu-Ray en mi casa no me molestaría el grano que había en la película cuando la dio por finalizada su autor. La diferencia es que uno no cree que el Blu-Ray sirva para ofrecer -necesariamente- el tipo de imagen que proporciona "Corrupción en Miami". Luego, las reacciones de quien sí lo espera, es otro tema.




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