Sin ser redonda ni perfecta, la 7ª y última temporada es muy satisfactoria. Sin tener un grandísimo clímax ni muchos momentazos, vuelve al sendero de los buenos momentos de la serie, mezclando ingenio y humor con la dureza de la vida en prisión y lo igual o más dura que puede ser la vida fuera de ella. Los flashbacks, mejor usados y menos random que nunca, ayudan a despedir como toca a los principales personajes, así como aportar nuevos interesantes y rescatar algunos míticos olvidados. Quizá con demasiado protagonismo a Piper, pero todas son bien tratadas en su adiós, quedando desenlaces de lo más variados y resultando todos creíbles. Alegrías pero también mucha tristeza. Un desenlace emotivo sin duda alguna.
Obviamente y de forma acertada, se centra en ese adiós pero cabe destacar también el énfasis y la mira puesta en el tema de la devolución de emigrantes, con momentos potentes y cargados de dolor e impotencia.
Un adiós notable para una serie notable.