El problema de cualquier sistema multicanal es que nuestro oído no es un micro omnidireccional y nos encanta rodeamos de altavoces como amantes del cine que somos.

Tenemos un patrón polar que jode la respuesta a medida que nos salimos de la frontal, el cual es parte de la clave para obtener la supuesta "excelencia", donde lo ideal sería adaptar la respuesta de cada altavoz en función de los grados de incidencia al oyente.

A esto habría que sumarle un correcto tiempo de reverberación en la estancia y tener controladas las reflexiones primarias.

Volviendo al planeta Tierra en 3, 2, 1...