Visto el montaje del director de cinco horas y media. No del tirón pero sí en el mismo día; el volumen uno por la mañana y el volumen dos por la tarde. De esas ocasiones en las que me falla mi prejuiciómetro, porque nunca había tenido especial interés por ver Nymphomaniac y sin embargo ahora mismo me parece de lo mejor de Von Trier, y desde luego de sus películas más complejas psicológica y filosóficamente hablando (el segundo episodio probablemente por encima del primero...aunque a todas luces es la misma película). Y no deja de ser curioso que yo no diría que Von Trier sea exactamente santo de mi devoción, y sin embargo he visto diez películas suyas y en Filmaffinity a ninguna la he bajado del 7. No deja de ser una anécdota, y en cualquier caso algunas las he visto cuando era más joven e impresionable, pero lo he estado pensando y no sé si habrá otro director de cine con el que se dé la misma circunstancia (la verdad es que lo dudo).
En cualquier caso, Nymphomaniac es una épica historia de autoconocimiento personal, constantes digresiones, metaficción; casi no sé por dónde empezar. El personaje de Joe es fascinante, una mujer que se folla hasta la guia de teléfonos (literalmente...en una de las muchas posibles bromas no evidentes de la película). Sé que hay quien dice que Joe es un trasunto del propio Von Trier y que el sexo es una metáfora (es una interpretación posible, aunque yo esta la veo más clara en The House that Jack Built con respecto al asesino y al propio Von Trier), pero más que esa idea me interesa el aspecto más decididamente autorreflexivo y brechtiano de la película, la forma en que Von Trier juega con los elementos de una narración que manipula a su antojo haciendo consciente al espectador de la forma en que se construye una ficción.
Me gusta que la narración se articule alrededor de objetos que Joe encuentra en la habitación en la que tiene lugar el relato, por ejemplo, como difuminando la frontera entre lo que es real y lo que puede ser estar inventando. La verdad es que toda la película posee esa cualidad, y la ausencia de una localización espacial y temporal claras también contribuye a ese tono de relato fabulado. De hecho, pensando en esto, me pregunto si incluso la extraña distribución de papeles para los actores está intentando hacer que nos planteemos la realidad de lo que estamos viendo (Shia LaBeouf comparte pantalla tanto con una Joe adolescente y colegiala como con la Joe cercana a los cuarenta años que interpreta Gainsbourg, y sin embargo, de repente y sin explicación se cambia a Shia LaBeouf por otro actor mientras Joe sigue siendo interpretado por Gainsbourg). No he entendido esto bien, ni tampoco parte del final, pero en parte deja más espacio para pensar la película, que en cualquier caso es bastante interesante.