
Iniciado por
Serkenobi
Partiendo de la base de que siempre existirán hipócritas, hay consumidores a los que si 80 euros les parece un precio excesivo, es lógico que se indignen con un videojuego que alcanza los 90. Pero ya no sólo es una cuestión de la subida en sí... Es en base a qué y me explico.
Sí, los juegos "exclusivos" de Sony y Microsoft son caros... Pero es que los desarrollos también, hablamos de inversiones de cientos de millones de dólares, por tanto dentro de la retórica del precio, tiene más "justificación" que te quieran cobrar más, porque va acorde al esfuerzo acometido. Y sí, es cierto que una parte importante y relevante de ese presupuesto va destinado a parcelas como el marketing, que cuentan con una partida excesivamente elevada que encarece sobremanera el producto final (siendo una de las claves a mi juicio de la insostenibilidad de la industria de los triples A), pero aún eliminando esa variable de la ecuación, los costes relativos única y exclusivamente en el desarrollo de un título exclusivo de Sony o Microsoft, es raro que bajen de los 100 millones de dólares.
Ahora bien, vayamos con Nintendo, ¿los nipones invierten tanto en su desarrollos? Es obvio que no, porque partimos de la base de que sus videoconsolas cuentan con una potencia limitada, bastante inferior a la competencia, lo que implica que el esfuerzo gráfico en consecuencia, es menor, lo que se traduce a su vez, en una menor inversión al no requerir de texturas de última generación. Por otro lado, estamos hablando de Mario Kart... ¿Acaso objetivamente hablando su desarrollo cuesta siquiera 50 millones de dólares? Tengo mis serias dudas de que alcance siquiera los 30...
En resumen: sí, los videojuegos exclusivos de Sony y Microsoft son caros, pero al menos tienen la excusa, el pretexto, de que se tratan de grandes producciones para justificar esa subida. Nintendo podrá hacer juegos muy divertidos y buenos (la calidad no se mide de manera proporcional en base al presupuesto, obviamente), por supuesto, pero objetivamente hablando, la inversión asumida es muy inferior, por tanto su incremento en el precio de sus títulos es más obsceno aún, porque carece de cualquier argumento razonable para sustentarlo.