Bien resuelto drama que recuerda al cine de Terrence Malick con su voz en off o al intimismo de cierta película de Jeff Nichols. Pese a su teatralidad y excesiva duración no resulta aburrida, gracias a su sencillo planteamiento y una gran fotografía. Los actores son un poco planos (Carey Mulligan siempre con esa cara de pena), aunque destaca por méritos propios Mary J. Bigle como matriarca generosa y decidida. Probablemente sea el proyecto más ambicioso de Netflix junto al nuevo Scorsese y la jugada no les ha salido mal.