De hecho, la historia no es más que el típico esquema de películas de universitarios (para niños, claro, sin sexo ni borracheras), incluyendo la típica trama de un personaje que es malo en un deporte o algo así, una competición en la que tendrá que superarse, etc.
Lo único que eleva un poquito la película y donde asoma la Pixar de siempre es en la primera secuencia, con Mike de pequeño, y en la parte final, cuando
Mike y Sully acaban en el mundo de los humanos
. Si toda la película hubiera ido por ese lado, otro gallo cantaría.
El problema es que la primera Monsters partía de una idea genial: lo que hay detrás de los monstruos que los niños ven de noche en sus habitaciones, el juego entre los dos mundos, los prejuicios, etc. Además de desarrollar mucho mejor la relación entre los protagonstas.