: por la noche, se transforma. No, no en lo que se supone que debería transformarse el dueño de un club nocturno de dudosa reputanción...sino en vampiro, y aún más, en vampiro jefe, lo que significa no ser el típico Drácula con capa y frac a lo Lugosi, sino un
coso a medio camino entre en murciélago mutante gigante que salía en el Drácula de Coppola y el diablo de Legend. Y tiene a más a su servicio. Y el disc-jockey alemán ése (al que más adelante, hará que se cargue el abogado de manera bastante expeditiva por haber desobedecido sus órdenes) es licántropo y es el que se dedica a perseguir a la rubia y a ver si le puede ver las bragas. Pero resulta que el licántropo la ha infectado, y se va a volver licántropa ella también en contra de las instrucciones del jefe (por cierto, que aquí las transformaciones tienen lugar según el capricho del guionista, sin que medie la luna llena ni
ná); a lo que empieza quedándose mirando al infinito
embobá, inyectándosele de pronto los ojos en sangre, saliendo con el policía sin tener en cuenta lo que pueda decir su compañera de piso -si es que está hecha una
desahogá-, poniéndose chaquetas de cuero de malota, y así por el estilo. En una de estas, el vampiro jefe se entera de que el Monstruo está viviendo con el viejo, y manda a uno de los secuaces a buscarlo. Cuando está a punto de atraparlo, la aparición de la policía y de la vieja del visillo -si, sí, la vieja del visillo

- frustran la delicada operación, de lo que resulta además el pobre viejo muerto. En lugar de agarrar al Monstruo y salir zumbando, opta por largarse con viento fresco sin haber hecho lo que tenía que hacer, excepto un estropicio considerable. Al Monstruo lo detiene la policía acusado de matar al viejo, y lo interrogan. La abogada - es una película americana, tiene que verse que los derechos constitucionales se cumplen- que le ponen insiste en que antes de interrogarlo, lo tendría que ver un psiquiatra

, porque dice que es Frankenstein y que no tiene nombre [sic], y que fue traído a la ciudad contra su voluntad -un inmigrante ilegal, vaya

-, que quiere volver a su casa en el Polo Norte. A lo cual, el típico policía graciosillo que nunca falta, dice exactamente la misma frase que yo estaba pensando: "éso es fácil, avisaremos a Santa Claus"

.
El vampiro jefe, en tanto, ha vampirizado a la compi de piso de la rubia, y por medio de ésta, sabe del paradero de la misma y va a buscarla. Ante los ojos atónitos del detective, después de transformarse en un bonito perro esquimal de exposición y concurso, es levantada por los aires por un engendro con alas