EL PACTO DE LOS LOBOS (2001) de Christophe Gans.
1755. En pleno macizo central montañoso francés de Lozère, una extraña bestia ataca y mata principalmente a mujeres y jóvenes, provocando el miedo en toda la región. Grègoire de Fronsac (Samuel Le Bihan) y su fiel escudero nativo americano Mani (Mark Dacascos), llegan a la zona, intentando desentrañar el misterio, tras el que puede estar un complicado complot político, promovido por nobles y señores de la región.
Superproducción francesa, con cierto eco comercial en su día, que propone una aparente inflamada heterodoxia, en la que se dan la mano un punto de terror, con la aventura tradicional, el drama cortesano, un estilo de acción de “cine moderno”, artes marciales incluidas, hasta –por ello mismo- cierto tono Western y Samurai. La amalgama conceptual y visual, resulta simpática, aunque la verdad es que al final no satisfactoria EMHO, pues en su locura arbitraria se pierde densidad, una historia que está pidiendo a gritos un tratamiento sobrio, crudo y de misterio no prosaico (léase más ambigüedad). Pero no digo que sea un error, es lo que la sensibilidad de Gans podía (debía) llevar conscientemente a cabo. Simplemente no es para mí.
Pero la peli es entretenida, pese a que se pase de duración, y su envoltorio –fotografía, vestuario, ambientación- es de un lujoso agradable para los sentidos. Monica Bellucci rompiéndolo todo –como siempre- con su carnosidad, y las siempre intrigas novelescas que parecen dar más empaque a cualquier cosa. Curiosa, pero no me convence. De cómo luce la “Bestia”, mejor pasar.

Grabado de la época, con recompensa por la captura del Monstruo
Más interesante y estremecedor me parece el caso histórico real del que parte. Como niño rarete

, leía vorazmente cualquier cosa de tema paranormal (fueran fantasmas, Ovnis, yeti o Nessie) y de la llamada “La Bestia de Gevaudan”, también mucha lectura. Hay mil teorías sobre el animal que a lo largo de tres años, acabó con más de cien personas, atacando incluso a plena luz del día, con numerosos testigos. Desechando lo sobrenatural, que creyó el pueblo (hombre lobo o demonio) y el tipo disfrazado, que muchos aún creen, pero me parece ridículo, tanto porque no creo idiotas y ciegos a las docenas de testigos, para confundir un animal con alguien de disfraz Scooby Doo, como por los informes forenses de las víctimas, mostrando mordiscos y laceraciones, obra sin duda, de un animal. Ahora, ciertamente resulta difícil creer que un animal se embarque en tal carnicería humana masiva y que rehúya tanto tiempo todas las batidas de caza, incluidas las que envió el Rey Luis XV para peinar toda la región. Y para enturbiar más el asunto, algunas “casualidades” concernientes a varios personas de la zona, difíciles de tragar. No soy dado a creer en complicadas conspiraciones, pero todo resulta demasiado raro… aunque por eso, fascinante. Por cierto, en mi pueblo ocurrió, en 1720, un caso vagamente similar (mucho menos estrambótico, claro) a lo de Gevaudan. Si fuera director de cine, lo llevaría a las pantallas

Monumento en recuerdo por los que lucharon contra el bicho.