Bajo mi visión personal, es precisamente el personaje invisible en la trama el que mayor culpa tiene. El padre, al que Erika menciona en una primera conversación con Walter, al cual comenta su fallecimiento encerrado en un psiquiátrico (lo que supuestamente la convierte en la más idónea para interpretar a Schubert y Schumann), y cuya madre no termina de asimilar (de ahí que en otra escena comente su supuesto fallecimiento a Erika). Es precisamente una violación por parte de su padre, cuando era aún una niña indefensa, lo que causa en Erika tal recelo hacia la sociedad, y más particularmente hacia los hombres.
Es en su mirada perdida donde parece rememorar dicha violación en la presente escena, mientras Walter lee todas aquellas normas que, intuyo, su padre le impuso. Violaciones de las que su madre fue consciente, pero permaneciendo pasivamente tras la puerta, sin intermediar por ella. Sutilmente, en la forma de grabar esta escena, Haneke no sólo escenifica el cambio de roles al que tanto me he referido, también nos habla indirectamente de dicha violación paterna, aunque esta aparece constantemente mencionada en la película, de manera indirecta: cuando se corta con la cuchilla para generar una “falsa menstruación” que suponemos perdió, cuando vomita tras mantener relaciones con Walter en la pista de hielo, cuando se enfada por la actitud paternalista de Walter con respecto a Anna Schober… y cuando dice, en esta escena, el ya mencionado “te esperaba”.
Su madre es lo único que la sigue uniendo a dicha experiencia traumática, y de ahí la relación de odio que las une, las continuas discusiones y escenas de violencia, el trato casi infantil (hasta el punto de dormir juntas, pese a tener Erika su propio cuarto). Si realmente deseara todo aquello que escribe a Walter en la carta, si realmente quisiera que la despreciaran, vejaran y maltratasen… sólo su madre cumpliría todos los requisitos, y de ahí el final de la escena comentada, en la que Erika le declara su amor, fruto del caos interno en el que se encuentra sumida.
Haneke, con su peculiar manera de crear la película, calla más de lo que dice, genera más preguntas de las que resuelve, empezando incluso por el ya mencionado final.