Proyecto arriesgadísimo al que algún ejecutivo de Sony dio luz verde con valentía. ¿Quién le iba a decir a Sony Pictures que este sería uno de los proyectos que le salvaría las cuentas del año? Pues sí, con tan solo 19 millones de presupuesto logró recaudar más de 140 millones de dólares a nivel mundial. Todo un éxito que no esperaba ni el más optimista del equipo de producción. Con estos datos no cabe duda que estamos ante un proyecto económicamente exitoso.
En cuanto al contenido puramente cinematográfico he de decir que me divertí mucho, aunque más me hubiera divertido si no hubiera visto el trailer, ya que en éste se desvelan muchos de los gags que aparecen en la película. La dirección artística es de indudable calidad. La animación está muy bien hecha y el guión, aunque con lagunas hacia la mitad del filme, contiene ingenio y mala uva suficiente para no caer en un producto meramente soez y cargante. Además, como ya habéis comentado, ofrece un buen número de guiños cinéfilos al espectador más avispado. Su final es bastante chocante e inesperado. En la sala unos se reían a carcajadas, otros se miraban extrañados y las pocas familias que aun quedaban salieron pitando en cuanto pudieron.
Y es que no será por falta de información. Pese a las calificaciones por edad (que por lo visto poquísima gente lee), el explícito trailer y múltiples advertencias en programas de radio y TV, un buen número de padres no dudaron en comprar una entrada y llevar a sus hijos pequeños. Esperemos que les haya dolido el precio de la entrada y la posible vergüenza. Así quizás acaten la responsabilidad de informarse antes la próxima vez.
En resumen, que no creo esta película haga que palestinos e israelíes se reconcilien o que la gente adquiera conciencia sobre lo que come. Es simplemente un divertimento y como tal hay que tomarlo. Un proyecto curioso y arriesgado que, pese a todas las trabas mencionadas, consiguió algo que otras producciones de animación ya quisieran.