22. La bestia humana (La Bête humaine, 1938)
Después de haberlo hecho con Nana, Renoir vuelve a adaptar una novela de Émile Zola, otra de las que integran el ciclo de los Rougon-Macquard, publicada en 1890 y ambientada en 1870, en el año culminante de la guerra franco-prusiana. Pero Renoir traslada la acción a la actualidad, a un 1938 en que una nueva guerra llamaba a las puertas.
Como en el resto de este ciclo novelístico de Zola, la degradación humana ocupa un lugar central de la historia, en este caso el alcoholismo de los progenitores del protagonista, el maquinista Jacques Lantier, es una herencia biológica que condiciona su naturaleza, aquejado de súbitos ataques de violencia enloquecida que jugarán un papel fundamental en el film. No he leído la novela (la he empezado estos días, pero el tiempo no da para más), pero por lo que he visto Renoir introduce muchos cambios, no solo temporales.
A pesar de todo, parece que lo esencial se respeta, aunque simplificado. Lantier (un espléndido Jean Gabin, convertido ya en toda una estrella del cine francés) es testimonio clave en un caso de asesinato. Mientras vuelve en tren a Le Havre, observa los movimientos por los corredores del tren del matrimonio Roubaud. El marido (Fernand Ledoux) acaba de asesinar a Grandmorin, padrino de su esposa, Séverine (sensual Simone Simon), a causa de los celos que le produce saber que la tuvo como amante tiempo atrás, abusando de su posición al haberla acogió en su mansión cuando perdió a su madre. Lantier calla en la encuesta judicial y, poco a poco, cae fascinado por el influjo de Séverine, hasta el punto de intentar matar a Roubaud, sin atreverse a hacerlo en el último momento. En cambio, en uno de esos inexplicables ataques de violencia, a quien mata (de una forma horrible, a puñaladas) es a su amante Séverine, como anteriormente estuvo a punto de hacer con Flore, su prima, durante una visita a casa de su tía, en el campo.
La película se abre con una larga secuencia en que, casi sin diálogo, acompañamos a Lantier y su compañero Pecqueux (un Julien Carette más sobrio de lo habitual) en la conducción de la locomotora, de “Lison” como la ha bautizado Lantier, ella misma personaje esencial del film. Son momentos puramente cinemáticos, de vías, túneles y estaciones, de una gran belleza (con fotografía de Curt Courant, con Claude Renoir como operador).
Después del asesinato de Grandmorin, que Renoir no nos muestra, la película, deudora de lo que entonces se llamaba “realismo poético”, se centra en la trágica relación amorosa de Lantier y Séverine, primero, y de la insistencia de ella para que maté al marido, como corresponde a toda femme fatale, después. Hay momentos espléndidos, como la noche lluviosa en que la pareja se une carnalmente en un barracón de la estación, acto que Renoir sugiere mediante una leve panorámica que los deja fuera de campo y un corte del plano para regresar al mismo lugar un rato después.
Preciosa la combinación de luces y sombras y de suelos y ropas mojadas. Otro momento de tensión es cuando Lantier está a punto de matar a Roubaud, pero se echa atrás en el último momento.
Pero todo ello se ve superado, una vez más (como en el caso de La chienne), por el momento del violento asesinato de Séverine. La expresión de Gabin, como un Lantier de repente enloquecido, es terrorífica, y la violencia de las puñaladas que asesta a la joven, terribles. Y de fondo, en un detalle muy renoiriano, suena la canción que se está cantando en una cercana sala de bailes: “Le petit coeur de Ninon".
Cometido el crimen, Lantier deambulará por las vías del tren para montarse finalmente en “Lison”. Desde la máquina en marcha, se lanzará a la vía, suicidándose, en otro gesto de violencia desatada.
Por encima de una historia brillantes, mucho más sombría de lo habitual en Renoir, bellamente contada e ilustrada, hay que destacar la presencia magnética de Simone Simon, impresionante.
Renoir le dedica una serie de primeros planos (también a Gabin) simplemente maravillosos. Junto a ella, tanto Gabin como Ledoux, e incluso Carette, están muy bien en sus papeles.
Solo añadiría un par de gotas de vinagre a un film que me parece en su conjunto excelente. Por un lado, la interpretación que el propio Renoir hace del simplón Cabuche, viejo conocido de Séverine, que no se corta a la hora de expresar su alegría por el asesinato de Grandmorin, lo cual lo convierte en principal sospechoso del crimen. Renoir, a la hora de caracterizar al personaje, aporta esas notas de humor excesivo, histriónico, teatral, tan habituales en sus films. Si a menudo sus actores actúan de forma exagerada, sobre todo en las comedias, probablemente ninguno lo es tanto como el propio director (se comenta que Simone Simon lo consideraba un actor malísimo, por lo que se negó a actuar en La règle du jeu, donde Renoir actor tendrá un papel muy importante, como veremos la próxima semana). El otro motivo de queja es la música de Kosma, que a veces se hace excesivamente presente, inunda la banda sonora.
La edición en BD de Divisa-StudioCanal merece un comentario a parte. La copia del film presenta una buena calidad de imagen y viene acompañada de dos interesantes extras. Por un lado, un documental más ameno de lo habitual en los extras de películas francesas (que suelen consistir en cabezas parlantes, en verborreas mareantes) y, sobre todo, tres escenas alternativas, correspondientes a las tres secuencias más violentas: la paliza que Roubaud le propina a Séverine, en el piso de París; el asesinato de Grandmorin en el tren; y el de Séverine a manos de Lantier. Este último es la más interesante, porque incluye uno de los planos más bellos de la obra de Renoir: una ligera panorámica que recorre el cuerpo sin vida de Séverine hasta encuadrar el rostro inerte, pero con los ojos abiertos, para luego ascender un poco más y encuadrar a Lantier, con un aspecto perturbado (y pertubador). El siguiente plano, en que Lantier sale de la habitación con el cuchillo en la mano y algo en la otra que da la impresión de ser parte de los cabellos de Séverine es terrorífico.
En el documental incluido en la edición se comenta que este plano fue eliminado de la copia que estrenó a pesar de que Renoir lo consideraba uno de los mejores que realizó en su carrera (y a fe que a mí me lo parece), sin saber explicar el porqué (porque si fue por la censura, se mantiene el de Lantier asestando las puñaladas a Séverine). Lo más curioso es que estas escenas alternativas, de mala calidad de imagen, se presentan solo dobladas al castellano, sin la versión original en francés, lo que me provoca la duda de si una versión que las incluyera se llegó a proyectar o a editar doblada al castellano alguna vez. Misterios del mundo del formato doméstico.
Acabo recordando una vez más que Lang volvió a la obra de Zola en Human Desire. En este caso, creo que podemos hablar claramente de un remake, porque, aunque con un final diferente, y olvidándose de la herencia genética del personaje de Lantier (que allí se llama Jeff Warren e interpreta Glenn Ford), es notablemente fiel a la película de Renoir. En todo caso, dejo las comparaciones para cuando le toque el turno en el hilo dedicado a revisar los films del vienés.
Y la semana que viene, ¡por fin!, esa película considerada (por muchos) como la mejor de Renoir: La règle ju jeu. Veremos qué nos deparará esta nueva revisión.