Veamos. En el desenlace se observa perfectamente hasta qué punto la voluntad de Nolan es la de crear unas imágenes icónicas que permanezcan en la retina con el espectador, pero es un cineasta que construye las casas empezando por el tejado, que crea las secuencias pensando en el impacto que quiere que tengan en lugar de crear un sustento dramático y dejar que se desarrolle de forma natural.
Tenemos al personaje del padre, que ha recorrido universo y medio para encontrarse con su hija. La esperanza de este reencuentro ha sido la motivación y la piedra angular de todo lo que hemos visto en la película, y sin embargo los personajes se ven, se hablan durante dos minutos, e inmediatamente la hija le dice que se marche a buscar al personaje de Anne Hathaway, que está en nosequé confín del universo. Esto no es un problema meramente de credibilidad argumental, es un problema del atropello narrativo que consume el cine de Nolan...una escena que se intuia como el climax de la película parece que esté puesta ahí de refilón, e inmediatamente el padre se marcha como si nada...
Entonces pasamos a la cara de Matthew McConaughey reflejada en el cristal de la cabina del cohete, y se abre una compuerta que muestra un cielo estrellado...el personaje que nos ha sido definido como explorador, pionero, etc, vuelve a su esencia y se abre un nuevo viaje a las estrellas, a lo desconocido...todo completamente obvio, tampoco voy a decir que no efectivo, pues la imagen de las estrellas es bonita, con su carga simbólica, pero desde luego es obvia también. Y a continuación vemos a Anne Hathaway en otro planeta, mirando a un horizonte, y con esa voz en off tan pegajosa que nos recuerda cursiladas sobre los confines del amor o el poder de la esperanza o ya no me acuerdo qué.
La cuestión es, todo este final es un engarce de ideas del cineasta que quieren ser poderosas, icónicas, supremas...el reencuentro del padre y la hija tras atravesar medio universo, el aventurero que regresa a las estrellas, el monólogo final que suena a expresión del sentido de la vida...pero todo está atropellado, todo está subrayado de pasada y a medio contar, y ahí está el problema, se percibe como un pegote, un quiero y no puedo del cineasta, que tiene tanta necesidad de impresionarnos y de filmar todas las imágenes definitivas que van a transmitir la emoción máxima al espectador que, para cuando se quiere dar cuenta, se ha olvidado de construir estas imágenes desde el desarrollo de la película, de una forma orgánica y fluida y que no se sienta impostada...