La peli en sí no es mucha cosa, pero las interpretaciones de Bryan Cranston, Diane Kruger y Benjamin Bratt la hacen valiosa. De quitarse el sombrero los tres. Además, yo que condeno la persecución del comercio de drogas, me he sentido complacido al contemplar el remordimiento que sienten los personajes de Cranston y Kruger (¡que qué buena está!) con lo que le están haciendo a una persona tan entrañable como el personaje de Bratt).