JURAJ HERZ



La obra más conocida del checo Juraj Herz es sin duda “El Incinerador de cadáveres” (1969), metáfora del Nazismo, con un hombre obsesionado con su trabajo en un crematorio y que le acaba llevando a la locura, dotado el film de una puesta en escena realmente barroca y rebuscada, y potenciando un ambiente progresivamente macabro.







El primer fairy-tale es la deliciosa “Morgiana” (1972), cruel y elegantemente realizada historia que, usando símbolos y elementos tradicionales de diversos cuentos de hadas, narra como una mujer, celosa y deseosa la muerte de su hermana –fijando especial atención en la malvada, turbia y fascinante, nada afortunadamente como Angelina Jolie, y maravillosa creación de la actriz Iva Janzurová-, algunas escenas alucinatorias y la cámara paseando –cat cam-, simulando la mirada del gato que da título al film.







Ahora toca su siniestra y pantanosa (por ambiente) “Panna a Netvor” (1978), adaptación de La Bella y la Bestia, potenciando en su primera mitad un tono de cine de terror –pues luego, previsiblemente, se centra en la historia romántica- con la Bestia matando a alguna mujer (incluso se sugiere violarla) y a inocentes cervatillos, prestando Herz especial atención a una voz interior que impele al hombre-monstruo a matar a la Bella, desencadenando una mente torturada.







"El Noveno Corazón” (Deváté Srdce, 1978), bien considerada como las anteriores entre la crítica, tras una primera media hora larga de cierta alegoría social y aventura ligera; la película da un giro brusco de otra media hora larga realmente fascinante y visualmente subyacente, de fantasía inquietante con atmósfera oscura y siniestra, basada en una especie de Mago que vive eternamente bebiendo la sangre de nueve corazones y que mantiene hechizada a una Princesa, a la cual se pretende rescatar; tras ello un epílogo que recupera el tono primerizo del film.







Upir Z Feratu(1982). La decadencia del director, con esta historia de coche de carreras alimentado con sangre, una especie de Christine meets Yo Compré una Moto Vampiro (sin el interés –ya de por si exiguo, para mi gusto- de la de Carpenter; y sin la diversión trash de la otra) con pretensiones sociológico-satírico-contemporáneas (imagino que ciertas buenas críticas van por eso) pero que no ayudan a elevar la calidad ni el entretenimiento de un asunto falto de carburante, o que simplemente se cala durante 90 minutos. Tampoco ayuda un Herz doblegado, con puesta en escena plana y sin personalidad, arrebato visual.

Pero quedan sus cuatro refulgentes gemas de horror o fantasy mórbido de sus años (décadas) anteriores, como una vieja y bonita historia. Erase una vez…