Pero Gerrard permea toda la obra orquestal de Zimmer con arreglos y armonías que son claramente suyos. No se limita solo a aportar su voz.
De ahí el crédito de co-autoría en todo el trabajo.
Crédito merecidísimo. Fue un trabajo colaborativo que deparó un resultado artístico mayúsculo, polémicas aparte. Algún que otro premio también valoró la aportación de Klaus Badelt, el eterno olvidado en lo que se refiere a Gladiator.