J.R.: —En Elle, por ejemplo, el personaje de Rebecca resulta muy interesante. Durante casi toda la película da pie a la comedia, pero al final sorprende cuando dice que su fe le ayuda a superar todo lo sucedido. Y lo hace con una gran dignidad.
P.V.: —Sí, ella viene a decir: «está bien, tengo mi fe, no hay problema». Y luego está ese giro sorpresa, que no está en el libro. Es una cosa más propia de los guiones norteamericanos, el incluir un final inesperado. Quizá es algo que se corresponde más con las necesidades de Hollywood. Piensas que es el final y entonces te encuentras con algo más. Pero sí, en el libro Rebecca es religiosa, y hay una secuencia, la de la cena de Navidad, en la que ella pregunta si puede ver la misa. Y sí, busqué empujar los límites. Lo hice porque pensé que sería interesante mostrarla como una creyente, seria y cariñosa esposa (también muy guapa, de hecho), que pregunta si puede ver la misa o bendecir la mesa,
pero que al final resulta que sabía todo lo que estaba sucediendo…. ¡y nunca dijo nada! Eso es muy de la iglesia Católica-Romana. No diría que es un ataque contra la Iglesia, pero ciertamente es una descripción de lo que la Iglesia ha venido haciendo durante décadas, todo lo que había escondido y que ahora sale a la luz. Por ejemplo, los sacerdotes que cometieron actos de pedofilia: cuando eran descubiertos, eran trasladados a otro lugar, ¡así que lo podían hacer de nuevo! En fin, yo no lo inventé, fue idea de mi guionista. Pero cuando lo leí pensé: «Perfecto, entonces haré de este personaje una católica maravillosa». Así que lo busqué a conciencia. Incluso la misa es mostrada a pantalla completa en la fiesta de Navidad. Es como si estuvieras en la iglesia. En el libro, por ejemplo, se indica que va a Santiago de Compostela. Y dado mi interés en la religión o en Jesucristo, y dada también mi crisis en la iglesia [Se refiere a un episodio de juventud en el que sufrió una fuerte crisis personal. En 1966 Verhoeven había dirigido ya varios cortos, pero aún no había empezado a hacer cine y un embarazo no deseado de su mujer, Martine Verhoeven, oscureció ese posible futuro como cineasta. Durante ese episodio crítico, Verhoeven estuvo a punto de unirse a una iglesia pentecostal y abandonar su carrera como realizador], sentí que tenía que hacer algo en ese sentido.
http://miradasdecine.es/2016/10/entr...verhoeven.html