Visto el tercer y penúltimo episodio, algo más aséptico (sin abandonar momentos de admiración) y centrado en la narración de los hechos, que nos acercan la caída de/l Gil. Parece (al menos según el enfoque que nos cuentan), que cuando Gil dio el salto a Ceuta y Melilla queriendo hacer una especie de Las Vegas, acojonó al gobierno liderado por Aznar, que incluso de reunió con Marruecos para hacerles la pelota y transmitirles tranquilidad. Y de repente, apoyados por la recién creada unidad de anti-corrupción, hacen limpieza de jueces pro-Gil, meten a gente competente y empiezan a sacar pruebas, cartas anónimas que llegan, Gil y su entorno empezando a entrar en la cárcel, el Atleti también levantado al aire. Gil empieza a verse afectado físicamente y psicológicamente. Ese personaje que podía con todo y se reinventaba ante la adversidad empieza a mostrar signos de agotamiento.

La verdad es que el mensaje que deja, más que un "por fin lo pillan" o "a todo cerdo le llega su San Martín", es un "van a por él". Él, en su mundo, vende una conspiración injusta desde el victimismo y las secuencias de marbellíes alabándolo como un mártir dan la misma vergüenza que lo de los fans de la Pantoja en la puerta de la cárcel.

Y sobre la conspiración, una cosa no quita la otra, compro en este caso lo de que no existen las coincidencias. Y bueno, ya sabemos en este país como va lo de la separación de poderes. Un enésimo caso de corrupto o mafioso que cae por pasarse de listo o ambicioso.