ATENCIÓN: SPOILERS PRESENTES A LO LARGO DE TODO EL ARTÍCULO. SE DESVELAN FINALES DE LA FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR DAVID FINCHER.


Hablar de <u> "THE GAME"</u> es hablar de su director fundamentalmente, un renovador vanguardista (creador paradigmático del nuevo thriller de los 90) con un talento aún no suficientemente ponderado que apunta muy, muy alto. No me importaría poner la mano en el fuego por él cuando pronostico que es muy posible que nos ofrezca alguna que otra obra maestrísima en su prometedor futuro.


<u> PRECEDENTES</u>

David Fincher, uno de los más importantes e interesantes cineastas del momento, se inició en el departamento de efectos visuales de la "Industrial Light & Magic", pasó al campo publicitario y destacó definitivamente en el injustamente denostado mundo del vídeo-clip, obteniendo gran reconocimiento por su labor.

Dio el salto (casi mortal) al cine mediante <u> "ALIEN 3"</u> (1992), un cadáver putrefacto del que nadie quería hacerse cargo, puesto que el proyecto ya nació torcido tras cambios de director (estaba previsto Vincent Ward) y guión. Sin embargo, Fincher recogió el proyecto y le otorgó determinados rasgos estilísticos, un tono oscuro y pesimista y un ritmo narrativo que después repetiría en posteriores películas.
Esta secuela fue duramente criticada, hasta el punto de ser considerada como la peor de la saga con diferencia. No obstante, en la humilde opinión del que escribe, las críticas fueron desproporcionadas y exageradas a pesar de que el film dista mucho de la perfección. Sin ir más lejos, el autor afirmó que "ahora es como hojear el libro de fotos del colegio. Era tan joven... Ahora lo haría todo diferente, pero bueno, a eso se le llama evolución", prueba de que tampoco él quedó satisfecho del producto final.
Su fracaso de crítica y público se debió, entre otras cosas, a su estilo profundamente apocalíptico y redentor (el final autoinmolador de Ripley, un "Jesucristo" femenino que se sacrifica por salvar a sus semejantes, aspecto acentuado por el simbolismo religioso cristiano que puebla toda la película), y fatalista (cargarse al inicio al marine guapo que promete romance con Ripley, a la niña que tantos quebraderos de cabeza dio en <u> "ALIENS"</u> y al gato no es algo precisamente agradable para el público).

A pesar del excesivo menosprecio que sufrió su ópera prima, Fincher nos ofrece su mejor película hasta la fecha en su segunda aventura cinematográfica: <u> "SE7EN"</u> (1995). Repite el tópico de la pareja de policías de diferente carácter y estilo que mantienen una relación amor-odio y algunos conflictos generacionales. Por otro lado, también presenta a la repetitiva figura del psicópata "serial-killer".
Pero David Fincher maneja tales elementos con originalidad y talento, creando algo diferente a todo lo visto hasta el momento. Estos son los simples elementos básicos de partida para crear una obra fascinante visualmente, con un uso prodigioso de la puesta en escena y, concretamente, de una atmósfera oscura, asfixiante, desasosegante, turbadora y tensa; lo más parecido a un infierno en la Tierra. En este aspecto, la labor del director de fotografía Darius Khondji es más que sobresaliente.
Por su parte, el asesino bíblico ostenta un rango años-luz por encima de cualquier otro, al ser caracterizado como un ángel/demonio exterminador implacable. El espeluznante misterio que le rodea causa una considerable inquietud en un público seducido por la imprevisible historia, incrementando la tensión y la expectación, hasta concluir con uno de esos finales devastadores que tanto exigimos con más frecuencia en el conservador cine de hoy.

Dos temas tan recurrentes en el director como el pesimismo en relación a una sociedad enferma de muerte y el cristianismo, se vuelven a dar cita aquí de una forma arrolladora.
Así mismo, la mejor película de la filmografía del director representó un referente dentro del "psycho-thriller", al ser imitada hasta la saciedad. Representó un antes y un después claramente delimitado, sentando los resortes del nuevo thriller de aliento oscuro, trágico y hasta escabroso.


<u>"THE GAME": el purgatorio lúdico.</u>

Y llegamos a la película protagonista de este artículo: <u> "THE GAME"</u> (1997), un film escasamente valorado por motivos que desconozco, cuando es una de las propuestas más rabiosamente atractivas de los últimos años.
Su principal virtud: ser capaz de acaparar mi atención desde el primer hasta el último fotograma mediante un historia que mantiene en todo lo alto el nivel de suspense, el interés y la rareza de la situación de base.
Aunque he leído en ciertas críticas que el guión (obra de John Brancato y Michael Ferris, también guionistas de <u> "LA RED"</u>) tiene más agujeros que un queso "gruyere", la verdad es que me absorbe de tal modo que, si los hay, no me importan en absoluto. Cierto es que la película no aguantaría un análisis muy minucioso teniendo en cuenta la cantidad de situaciones inverosímiles que se ofrecen, pero Fincher tiene el inmenso talento (repito: visual y narrativo) de mantenerme interesado en todo momento y que no me cuestione demasiadas cosas. <u> "THE GAME"</u> es una de esas películas que se encuentran en el reducido grupo al que podríamos definir como: "las que te impiden echar una ojeada al reloj".

Desde el punto de vista visual y estilístico, el director realiza un trabajo impecable. Véase, por ejemplo, la escena en la que el personaje de Douglas entra en su casa a oscuras y, de repente, se iluminan las paredes con un azul fortísimo que permite apreciar diversos graffitis que decoran el salón. Una imagen de brillantez cegadora acompañada por una estridente música que provoca la correspondiente alteración del alucinado espectador.
Nuevamente, esta película cuenta con el habitual clima "fincheriano" repleto de tenebrosidad, amenaza oculta y extrañeza (ese muñeco payaso, esas falsas fotos comprometedoras, ese maletín que no se abre, ese presentador de las noticias de TV que se dirige directamente a Van Orton, etc...), factores esenciales para que mordamos su anzuelo y nos dejemos llevar por sus sabias manos.

David Fincher ha sido definido por la web "allmovie" así: "Fincher parece combinar la dirección de Oliver Stone con la clase y la aptitud de Hitchcock, todo ello combinado a través de la sensibilidad de la MTV y la Generación X." Este magnífico director es un creador superdotado para fascinar mediante la vista, pero al mismo tiempo se apoya en sensacionales guiones idóneos para encauzar su talento. Tan importante es la forma como el contenido, idea que siempre ha tenido muy presente el autor. Es claramente consciente de que no es suficiente seducir al público tan sólo contando con el aspecto formal; es necesario intrigarles con la historia. Si forma y fondo se unen, ya tenemos un resultado indiscutiblemente óptimo.

En <u> "THE GAME"</u>, el papel protagonista se concede a Michael Douglas, interpretando a Nicholas Van Orton, un insolidario y egoísta millonario autodestructivo que, aunque aparenta tener todos los órdenes de su existencia bajo control, va camino de la perdición.
Douglas retoma un rol que previamente experimentó en <u> "WALL STREET"</u> (1987, Oliver Stone), es decir, el hombre de negocios sin escrúpulos capaz de sacrificarlo todo con tal de alcanzar el éxito personal, único objetivo presente en su materialista vida. Douglas "borda" estos papeles a la perfección, y su actuación es una baza sumamente importante de esta película.

Este hombre rico y resplandeciente de cara al exterior es, en realidad, un pobre diablo amargado, infeliz, solitario (el pequeño pastel de cumpleaños con una triste vela es revelador) e indiferente con el prójimo (la renuncia a socorrer a un pobre moribundo), con formas insoportablemente prepotentes y, lo que es más grave, incapaz de amar y de ser amado. Un tipo enteramente odioso, un soberbio personaje en su repelente altanería.
Sin embargo, el gigantesco purgatorio por el que transita mediante "the game" cambiará su visión del mundo. Se volverá consciente de lo que tiene a su alrededor y aprenderá a valorar las cosas más importantes de la vida.
Van Orton ostenta un evidente paralelismo con el ávaro y cascarrabias Mr. Scrooge. Del mismo modo que a Scrooge le dan una lección de humildad y humanidad los diferentes espíritus navideños que lo visitan, "the game" cumple con el mismo cometido. En ambos casos, es necesario algo extraordinario para hacer reaccionar a personajes que están cavando su propia fosa con una venda en los ojos.

La película, por tanto, es una fábula acerca de la insolidaridad e incomunicación humana, con una conclusión que representa una moraleja (todos merecemos una segunda oportunidad). Fincher aplica una medida de shock, a través de un "juego" carente de reglas y a medida de cada participante, para hacer despertar de su largo letargo a un personaje predestinado que da esquinazo en última instancia a su fatídico desenlace. No sería descabellado pensar que "the game" es un mecanismo de expiación de los pecados cometidos y, al mismo tiempo, de exorcización de "fantasmas" del pasado. De hecho, el hermano de Van Orton, Conrad (Sean Penn en breve intervención), regala al personaje de Douglas "the game" con ocasión del 48 cumpleaños de éste. Precisamente, a los 48 años se suicidó el padre. Y Nicholas Van Orton lleva el mismo camino, puesto que su padre y él son como dos gotas de agua. Conrad intenta por todos los medios (en este caso, brutales) alterar ese destino escrito.

El concepto cristiano vuelve a ser motor de los acontecimientos. Nótese, a este efecto, no sólo la penitencia y calvario que ha experimentado el personaje a lo largo de la historia, sino también su "resurrección", saliendo de su ataúd, muy lejos de su hogar, sin dinero y con ropas sucias. El ser que resurge no es el mismo que fue enterrado, sale algo nuevo y queda bajo tierra el nocivo orgullo que siempre le acompañó. Por primera vez en su vida, Van Orton se verá obligado a suplicar caridad y a conocer de primera mano ese otro lado mísero de la existencia humana que siempre quiso ignorar. Constituye la aplicación de una especie de "bajada de humos" o cura de humildad, con el fin de hacer consciente al personaje de los diferentes prismas de la realidad.
Es el primer "renacimiento" que experimentará en el film, y que supondrá su "media-transformación" en el tortuoso camino hacia la "purificación".


<u>EL FINAL</u>

La salvación tras saltar desde la azotea del rascacielos supone su segundo "renacimiento" y su "total transformación" en un hombre completamente nuevo.
Es interesante el hecho de que, tras todo el infierno-purgatorio que ha pasado, acabe suicidándose. Se demuestra que su destino marcado era inamovible, pero... nadie habló de que no entraran dentro de las reglas del "juego" el situar un inmenso colchón para evitar la muerte del protagonista, y de ese modo, ofrecerle una segunda oportunidad y completar el proceso de reformación de su carácter.

Al fin y al cabo, "the game" produce la apertura de unos ojos casi completamente cerrados, los del protagonista (aunque por extensión podrían ser los del hombre moderno), lo que provoca que sea capaz de valorar convenientemente elementos que para él carecían de importancia.
El suicidio final del personaje podría ser una metáfora de la caída, la desidia, lo mal que van las cosas. La salvación es un resquicio de esperanza, posiblemente la consecuencia de haber recorrido eficazmente y con arrepentimiento el dantesco purgatorio lúdico.
Por supuesto que la salvación final puede interpretarse como una simple concesión comercial, pero yo opino que es una conclusión coherente al observar la utilización de Fincher de los conceptos de pecado, penitencia, expiación, redención y salvación final.

A destacar también la acertada participación de Deborah Kara Unger como guía del protagonista en su camino y evolución, y a James Rebhorn como el contacto que obtiene el consentimiento de Van Orton para dar inicio a ese "the game": esa pesadilla reeducadora pero enormemente manipuladora, paranoica y kafkiana.


<u>LOS FINALES DESOLADORES "MADE IN FINCHER"</u>

Desde luego, a David Fincher le encantan los finales a contracorriente plenos de tragedia, desolación, crueldad o fatalismo. A saber:

- <u> ALIEN 3</u>: la muerte de la teniente Ripley, en forma de autoinmolación final que libra a la humanidad de una plaga que hubiera podido causar la aniquilación de la especie humana. Se suicida por necesidad, pero al mismo tiempo comete un infanticidio, puesto que el alien que lleva consigo no deja de ser un hijo al que ella misma ha gestado involuntariamente. Ripley siempre estuvo demasiado cerca del enemigo, llegando al límite de convertirse en fuente dadora de vida del mismo.
A propósito, ¿nadie ve un apunte metafórico sobre el miedo a engendrar y a la maternidad?

- <u> SE7EN</u>: el bestial villano de la función consigue su triunfo particular, la mujer embarazada (para más inri) es torturada y asesinada depositando su cabeza separada en una caja de cartón, y el personaje de Brad Pitt queda absolutamente destrozado anímicamente -quién sabe si para siempre- y encarcelado.
Que el mal triunfa es indudable.

- <u> EL CLUB DE LA LUCHA</u>: el mundo cae, la civilización se derrumba, todo explota alrededor del esquizofrénico "Dr. Jekyll / Mr. Hyde" y su decadente pareja a golpe de los guitarrazos de los Pixies.
La destrucción de pilares fundamentales del mundo moderno supone una vuelta a los orígenes, provocada por el diabólico álter-ego del narrador, Tyler Durden, inductor supremo del apocalipsis final.
El objeto de la crítica es la alienante sociedad del consumo y del bienestar, utilizando con tal fin una polémica carga anarquista y corrosiva.


<u> CONCLUSIONES</u>

David Fincher se revela como un lúcido crítico sobre el mundo urbano actual, y lo demuestra sobradamente en sus películas ( "Tengo demonios interiores que no podrías ni imaginar", una inquietante frase de su cosecha que adelanta futuras creaciones de tremendo interés).
Su trabajo no sólo impresiona formalmente, sino que contiene reflexiones nada banales ni gratuitas acerca de la humanidad y sus problemas. No está lejos de ser un cronista moderno que plasma en su obra el paranoico y enfermizo comportamiento de la sociedad, utilizando para ello un punto de vista pesimista, e intentando "dejar una huella indeleble en la mente del espectador", según sus propias palabras.
Así pues, no es posible achacarle acusaciones basadas en una presunta vacuidad de sus productos. No son simples realizaciones efectistas sin nada que contar, son un conjunto perfectamente equilibrado que satisface a todos, tanto a los que buscan simple evasión como a los que pretenden obtener cierto contenido.

Es el cineasta del siglo XXI, un autor con una excelente aptitud para atrapar al público a través de sus alucinantes recursos de estilo, las apasionantes historias que narra con vigor, el perfeccionismo técnico audiovisual y la "mala leche" que destila. Yo, evidentemente, lo celebro, como también le aplaudo su objetivo de preservar lo máximo posible su independencia artística en el ámbito de los grandes estudios.

Alfred Hitchcock y James Cameron son directores citados por el propio Fincher como inspiradores de su cine, algo que no me extraña: de Hitchcock posee la habilidad para intrigar y mantener en suspense al espectador, mientras que de Cameron ha extraído su genuino sentido del espectáculo.
También confiesa que "mi único miedo es el aburrimiento, que una de mis películas aburra al público y me aburra a mí.", lo que supone que su última intención es resultar pesado. El director considera que el cine es un medio de entretenimiento con múltiples posibilidades, de modo que el espectáculo no está reñido con una esencia (el guión) que sostenga la obra.

Para terminar, Fincher demuestra una personalidad innovadora muy formada, algo que asegura su ánimo de sorprendernos en cada nuevo proyecto que emprenda: "Cuando hago largometrajes, mi interés reside en plasmar lo que a mí me gustaría ver en el cine, cosas que normalmente no se ruedan y que me parezcan rompedoras."

Mis esperanzas quedan depositadas en él. Esperemos que no nos decepcione, porque el camino que lleva es perfecto hasta ahora.
Y, desde luego, no hay que perderle la pista, puesto que es uno de los escasos directores con auténtico talento a los que conviene seguir de cerca.







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