
Iniciado por
Iñarritu
Tengo la sensación de haber visto una buena película… que no me ha gustado mucho. Como la mayoría, yo también aguardaba este film con gran expectación por lo que concierne al director, por su anterior trabajo. Pero a la media hora de metraje, cuando ya le tenía cogido el pulso y no esperaba ningún gran cambio, me di cuenta de que esta no era “mi película”, y que su lugar ya lo había ocupado “Tarde para la ira”. Esta última me ha gustado muchísimo más, cosa que no está relacionado con ninguna objetividad acerca de cuán buenas películas son.
Aprecio la gran fotografía, la puesta en escena de calidad, con sus cuidados encuadres y todo eso. Es algo que ciertamente llama la atención muy gratamente, así como el montaje. Es evidente que, en lo técnico, así como en lo estilístico, tiene un nivel tan alto como para subyugar por sí solo. Además de que ese estilo, muy definido, se conjuga a la perfección con la temática que trata. La época, la cara B del poder, los despachos, y las ciudades, fríos, urbanos, y contrastados.
Las interpretaciones, siendo esta una película de "espías", donde la tónica general son los temas serios, y las caras de póker de los negocios turbios, nadie me ha encandilado realmente. Ni que decir tiene que todos están correctísimos, pero en mi humilde opinión, me ha resultado más interesante lo que ha hecho Carlos Santos con Roldán, que Eduard Fernández con Paesa, que me resulta más arquetípico, aunque sin duda sea un papel atractivo. Lo de José Coronado, rutina.
Llamarla “máquina de relojería”, como se ha hecho mucho, con esas o con otras palabras, me parece muy adecuado. No pretendo soltar ningún comentario ingenioso sobre la frialdad de las máquinas, sino solo apuntar mi impresión de lo ciertamente bien medido que resulta el ritmo, y admitir que la intriga se mantiene siempre sin decaer. Además, yo diría que los pequeños chascarrillos (minúsculos, diría), y la “simpática” narración en off de José Coronado, llegan siempre al rescate como un chasquido de dedos antes de que bajes la guardia. Tanto es así, que en algunas ocasiones me pareció evidenciarse demasiado, dejando ver alguna costura.
Con la música, algo parecido. Notablemente buena, la situaría junto con los mencionados apartados técnicos y estilísticos. Llaman la atención sus momentos “rockerillos”, que, aun cumpliendo su cometido, se me hizo algo descarada en su intención de animar lo que de por si no era demasiado emocionante.
Y es que en eso resumo las sensaciones que he tenido con “El hombre de las mil caras”: No me ha emocionado casi nada, más allá de un punto de partida muy interesante. Algunas buenas escenas, desde luego, y unos diálogos muy certeros. Pero en su conjunto se me ha hecho pesada, fría en el mal sentido. Diría incluso que plana, aunque no plana como una mala película, sino plana porque no he vivido puntos realmente álgidos. Se establecen las normas del juego, adquiere un nivel, y lo mantiene hasta el final. La complejidad que presenta no me ha apasionado en absoluto, y eso es frustrante.
Una pequeña decepción. Sé que es un producto de buena factura y celebro la mezcla de thriller con la historia política y criminal de España, pero espero con ganas que la próxima película de Alberto Rodríguez me vuelva a ganar. Me quedo con “La Isla Mínima”, de largo, con los ojos cerrados.
(Y encima no sale nada de Lon Chaney).