-hija de un famoso relojero, ahora arruinado- es una chica muy moderna en un mundo muy moderno, y tiene, entre otras cosas, un novio muy formal: su primo Jacques, un estudiante de medicina muy brillante, pero un hombre muy gris. Entre unas cosas y otras, Christine y Benedict traban conocimiento con un extraño marqués, para el cual acabarán trabajando, y que posee una vasta biblioteca, con preferencia por los libros sobre temas esotéricos en ella. También tiene una esposa: una inglesa excéntrica que vive recluida en la casa, que no goza de muy buena salud y a la que todo el mundo tiene por algo loca. Se rumorea que el marqués también tiene una amante, una misteriosa bailarina india llamada la Dorga. Pero poco a poco, el atribulado Benedict descubrirá que la casa del marqués no es la única en la que ocurren cosas raras: en la misma casa de Christine, que puede ver desde la suya, tienen lugar hechos asombrosos y de difícil explicación. Sin ir más lejos, parece que Christine oculta en un armario de su habitación a un misterioso galán de arrebatadora belleza, pero de hermética conducta y cuya salud parece muy frágil: hecho extraordinario que enoja tanto al padre de Christine como a su prometido pero que curiosamente, es conocido y tolerado por ambos a regañadientes. La historia avanza, y en un momento dado, la marquesa muere, y a Benedict, que no cae demasiado bien por los alrededores, le acusan de haber matado a varias chicas de la región que han desaparecido. Proclamando continuamente su inocencia, aunque incapaz de probarla, Benedict es condenado a morir en la guillotina. Parece el final ¿verdad? Pues no es más que el principio...