Es una película interesante, formalmente impecable, que parece que esté hecha solamente de lagos iluminados por el sol y de cuerpos de hombres, y creo que ese lacónico y reiterativo uso de los mismos pocos elementos es lo que genera la sensación de armonía que me ha gustado tanto.

Quizás, y al igual que otra película francesa que he visto hace poco, Retrato de una mujer en llamas, me ha hecho pensar en el difícil equilibrio entre los personajes como elementos simbólicos de la película y los personajes como seres sintientes, reales, porque no entiendo del todo bien el final, que yo también hubiera preferido que fuese completamente ambiguo. En cualquier caso, y sin ser realmente mi tipo de cine, me ha gustado. Una película con ecos a Hitchcock, Chabrol o Antonioni, siempre merece la pena.