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Tema: El callejón de las películas perdidas

Vista híbrida

  1. #1
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    “Que no está muerto lo que puede yacer eternamente y en los eones venideros hasta la muerte puede morir”

    (“La ciudad sin nombre” [1921], de H. P. Lovecraft)

    o

    LAS OBRAS DE STEPHEN KING (1947) ADAPTADAS A LA GRAN (O A LA PEQUEÑA) PANTALLA SEGÚN LA CRONOLOGÍA DE LAS MISMAS… CON ALGÚN QUE OTRO PEQUEÑO DESVÍO… / PARTE X:

    CHAPELWAITE (2021, ídem)



    Copyright 2021 Epix Studios LLC

    Sony Pictures Television and Stage 6 Films present / An Epix original series.

    Emitida en formato de miniserie de 10 episodios entre el 22 de agosto y el 31 de octubre de 2021.

    Creada por Jason y Peter Filardi.

    Dirigida por David Frazee, Rachel Leiterman, Michael Nankin, Jeff Renfroe y Burr Steers.

    Producida por Michael Mahoney, Nick Iannelli y Alec Meacham.

    Escrita por Declan De Barra, Jason y Peter Filardi y Scott Kosar, a partir del cuento “Jerusalem’s Lot” (1978), de Stephen King.

    Fotografiada por Miroslaw Baszak y David Greene, en color y Scope.

    Musicalizada por Mark Korven.

    Protagonizada por Adrien Brody (Capitán Charles Boone), Emily Hampshire (Rebecca Morgan), Jennifer Ens (Honor Boone), Sirena Gulamgaus (Loa Boone) e Ian Ho (Tane Boone) + Steven McCarthy (Stephen Boone), Julian Richings (Phillip Boone) y Christopher Heyerdahl (Jakub).





    Coordenadas espacio / temporales:

    Chapelwaite, Preacher’s Corners, Condado de Cumberland, Maine, EUA > Jerusalem’s Lot, Condado de Cumberland, Maine, EUA / 1780 > 1781 > 1817 > 1848 > 1850



    No deja de ser curioso que dos de las mejores obras de Stephen King, la novela “El misterio de Salem’s Lot” (1975) y el cuento “Los misterios del gusano” (1978), fuesen vertidas no a la gran sino a la pequeña pantalla en forma de miniseries, la primera de 2 episodios (1979) y la segunda de 10.

    Y lo cierto es que después de volver a ver la serie de Tobe Hooper (1943-2017) – la cual integró la segunda entrega del presente coleccionable – y de hacerlo por primera vez con CHAPELWAITE no me duelen prendas al considerar ambas como dos de las mejores adaptaciones que hasta la fecha se han hecho de la prolífica bibliografía de su autor, independientemente de que la primera se haya quedado un poco obsoleta y la segunda se haya tomado notables libertades con el texto de King, algo por otra parte lógico dado que el mismo apenas llega a las 40 páginas.

    A pesar de que CHAPELWAITE (e igualmente el cuento que toma como base) es una "precuela" de EL MISTERIO DE SALEM’S LOT (o PHANTASMA II, dado que con semejante denominación se estrenó por primera vez en nuestro país en cines en una versión notablemente recortada ) lo cierto es que ambas funcionan perfectamente por separado y básicamente lo que las hermana es la (ficticia) localidad de Jerusalem’s Lot (o Salem’s Lot, como se la identifica en la novela) situada al NO de Portland, en el Condado de Cumberland, estado de Maine.

    Como es bien sabido Stephen King ubica la mayoría de sus ficciones en su estado natal, aunque muchas de las localidades sean producto de su fértil imaginación (Chamberlaine [“Carrie”], Castle Rock [“La zona muerta”, “Cujo”], etcétera).



    CHAPELWAITE hace referencia al nombre de la mansión que el capitán de un ballenero retirado, Charles Boone (un excelente – e imagino que en breve oscarizado – Adrien Brody)...



    ..., recibe como herencia de un primo suyo del que apenas conocía su existencia, Stephen Boone (Steven McCarthy).

    - El por qué he subrayado la palabra “mansión” se explicitará en breve… -

    Si bien es cierto que en el cuento (publicado por primera vez en la primera colección del autor, “Night Shift” [1978]...



    ... y traducida en nuestro país como “El umbral de la noche” [Pomaire, Barcelona, 1979])…



    - Recordemos que igualmente la segunda novela de Stephen King apareció inicialmente bajo el título “La hora del vampiro” y también de la mano de Pomaire. -

    … Charles carece de familia y únicamente está acompañado de su amigo/sirviente Calvin “Cal” McCann, por el contrario en la miniserie el primero tiene tres hijos, Honor (Jennifer Ens), Loa (Sirena Gulamgaus) y Tane (Ian Ho), todos ellos fruto de su matrimonio con Sarah (Kathleen Dorian), muerta durante el trayecto en barco y nacida al igual que sus vástagos en lo que por entonces se denominaba el Reino de Hawái (1795-1893), lo que provocará las lógicas fricciones con las “buenas” gentes de Preacher’s Corners, la localidad donde se ubica la mansión.

    La mediana, Loa, tendrá un papel determinante en el desenlace de la trama y su situación bien podría recordarnos a la de cierto personaje de una novela de vampiros muy famosa de cuyo nombre no puedo acordarme...



    En la adaptación el personaje de Cal se recicla en el de Rebecca (Emily Hampshire), una mujer adelantada a su tiempo y que primero ejercerá de tutora de los niños y después se convertirá en el nuevo interés amoroso del (afligido) padre.



    Si “El misterio de Salem’s Lot” bebía no solo (lógicamente) de “Drácula” (1897), de Bram Stoker (Valdemar, Madrid, 2005)...



    ... sino también y especialmente (como el propio autor reconoce al inicio de la novela) de “La maldición de Hill House” (1959), de Shirley Jackson (Valdemar, Madrid, 2008)…



    - He aquí la (sencilla) explicación al subrayado que mencionaba al principio de mi exposición puesto que “Hill House” es el nombre de la mansión (¿encantada?) en la que transcurre toda la historia.

    Recordemos a este respecto el espléndido uso que el autor hace del Hotel Overlook, en Colorado, en la excelente “El resplandor” (1977).

    Lugares y moradas (supuestamente) malditas...



    ... en las que el Mal (con Mayúsculas) persiste a pesar del paso del tiempo. -

    … en el caso de “Los misterios del gusano” se mantiene igualmente la influencia de ambas (por ejemplo la estructuración del texto a base de cartas y de diarios, como en la obra de Stoker) pero predomina todavía más la de H. P. Lovecraft (1890-1937) hasta el punto de configurarse como uno de los mejores homenajes al escritor nacido en Providence, estado de Rhode Island y en especial a su famoso ciclo “Los Mitos de Cthulhu” (Alianza, Madrid, 1969).



    Y es que si allí teníamos el “Necronomicon” (extractos del mismo aparecen en el primer cuento del mencionado ciclo – el más famoso de lo cuales sirve de introducción al presente comentario -, “La ciudad sin nombre” [1921], aunque no se llega a explicitar su título) aquí tenemos otro grimorio igualmente ficticio (aunque algunos de los más acérrimos seguidores del escritor parezcan opinar lo contrario), “De Vermis Mysteriis” (dicho título da nombre al cuento), aunque en este caso surgido de la pluma de Robert Bloch (1917-1994), uno de sus discípulos más precoces, en concreto en “El vampiro estelar” (1935), incluido igualmente en el (mítico) libro del recientemente fallecido Rafael Llopis (1933-2022).

    A pesar de que como indicaba al principio la miniserie es una adaptación muy libre del cuento lo cierto es que no solo mantiene los ingredientes básicos que lo convierten en una lectura absorbente sino que los potencia exponencialmente y donde además el final es más melancólico pero a la vez más esperanzador.

    Además en la serie todos los personajes están impecablemente desarrollados, aunque por supuesto la mayor parte no se encuentran en el cuento.

    Destaca especialmente la figura de Jakub (un espléndido Christopher Heyerdahl), el ancestral vampiro que gobierna la (aparentemente) abandonada aldea de Jerusalem’s Lot, guardián del Gusano (o sea, un dios primigenio que existe más allá del tiempo y del espacio) y cuya máxima obsesión es encontrar el mencionado libro, el cual permitirá abrir el portal que conecta nuestro universo con el suyo, lo que traería una eternidad de dolor y de sufrimiento para toda la humanidad.



    Un personaje, por cierto, que no existe en el cuento puesto que en este es el tatarabuelo (bisabuelo en la serie) de Charles, James Boon (sin “e” final), el inmortal (aunque no se explicita que sea un vampiro) patriarca de la pequeña (y endogámica) localidad que él mismo fundó en 1710 quien se encarga de custodiar el libro que se encuentra en el púlpito de la iglesia desconsagrada e igualmente ejerce de guardián del dios que se esconde de la Luz bajo el mismo.

    Aquí Jakub es un forastero en tierra extraña que viene a reclamar el libro que encontró de forma casual James en el interior de la tierra (cual Bilbo y el Anillo Único en “El hobbit” [1937], de J. R. R. Tolkien) y que este ha usado para sus propios fines, condenando de esta manera a todos sus descendientes puesto que la lectura del mismo conduce a la locura.

    Y aunque Phillip (Julian Richings) y Stephen sellaron un pacto con Jakub mediante el cual le cedían el libro a este a cambio de la inmortalidad, el mismo fue robado por Marcella (Acadia Colan), nieta del primero e hija del segundo quien a costa de su propia vida lo ocultó donde a nadie se le ocurriría buscarlo…

    Además el libro no puede ser encontrado por un no muerto puesto que solo los Boone vivos son capaces de escuchar su llamada.

    Aquí, al contrario que en EL MISTERIO DE SALEM’S LOT los vampiros no son seres unidimensionales sino que siguen siendo ellos mismos a pesar de que su conversión les haga variar sus hábitos alimenticios.

    En este sentido está magníficamente desarrollada la relación que mantiene el alguacil Dennison (Hugh Thompson) y Mary (Trina Corkum), su esposa vampirizada y que incluye alguna de las secuencias más terriblemente bellas de la serie.





    Igualmente sobresaliente es la relación adúltera que mantiene el (descreído) sacerdote Burroughs (Gord Rand) con la única persona que ha podido escapar de las garras de Jakub y sus acólitos, Faith (Briony Merritt) y con quien (aparentemente) ha concebido un hijo sin ojos…



    O el personaje de “la chica de las manzanas” (Genevieve DeGraves), una bellísima y turbadora joven, habitante de Jerusalem’s Lot y cuyo sueño es convertirse en un no muerto como su señor Jakub.



    - En el cuento, por contra, la aldea está deshabitada desde hace décadas y solo se llega a atisbar la figura de James Boone (ergo Jakub) saliendo del enorme agujero que el Gusano ha dejado bajo el púlpito de la iglesia. -

    Esa idea de que el Phillip y Stephen vivan entre las paredes de Chapelwaite parece remitirnos a otro de los celebrados cuentos de Lovecraft, “Las ratas de las paredes” (1924).

    Y el hermoso final, totalmente distinto al del cuento, me trae ecos de “La narración del sacerdote (El hombre que gritó Dios)” y que forma parte de la que yo considero como una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos, el díptico de Dan Simmons “Hyperion” (1989)/”La caída de Hyperion” (1990) y en la que un personaje que atiende al nombre de… Alcaudón tiene un papel determinante en la trama…



    No quiero extenderme más porque mi salud tanto física como mental está bastante baqueteada por circunstancias que no vienen al caso.

    Desde luego CHAPELWAITE es una de las adaptaciones más libres pero más atractivas de las que he visto hasta la fecha.

    De hecho, si no es porque comparte localización con EL MISTERIO DE SALEM’S LOT nadie diría que entre ambas existe una vinculación, salvo por la presencia de la figura del vampiro.

    Lo cual, bajo mi modesto punto de vista, es todo un logro.

    Vosotros mismos, que la vida es demasiado corta…

    Buenas tardes/noches y, buena suerte.



    Última edición por Alcaudón; 10/02/2025 a las 23:19

  2. #2
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    La patrulla fantasma (Captain Clegg, 1962), de Peter Graham Scott



    Captain Clegg es uno de esos films de la Hammer que no pertenecen al género de terror, mucho más numerosos de lo que se suele pensar, como bien nos ha mostrado más de una vez maese Alcaudón.

    En este caso estamos ante un film de aventuras, subgénero de piratas i/o contrabandistas, aunque tenga algunas gotitas de terror, de ahí el título español o el que se utilizó en Estados Unidos: Night Creatures. Si no me desmiente Alcaudón, depositario en este hilo de la erudición hammeriana, la película se estrenó en programa doble con The Phantom of the Opera.



    Adapta un personaje popular, el Dr. Syn, vicario con pasado piratesco, dedicado al contrabando en las marismas de Romney Marsh, surgido de la pluma de Arthur Russell Thorndike, al que dedicó una serie de siete títulos entre 1915 y 1944.

    Debido a problemas con los derechos, la Hammer renunció a llamar al personaje Dr. Syn (por aquellas fechas la Disney produjo un film sobre sus aventuras: Dr. Syn, Alias the Scarecrow, dirigido por James Neilson), y lo bautizó como Dr. Blyss, aunque para el título mantuvo el nombre del alias que utilizó en su época de pirata.



    El Dr. Syn ya había sido llevado a la pantalla con su nombre original en una película de la Gaumont dirigida por Roy William Neill, con George Arliss encarnado al protagonista: Doctor Syn.



    Aquí lo encarna el gran Peter Cushing, el alma de la película. Ahora es el atento vicario Dr. Blyss, predicando a los lugareños de la zona durante el día,



    y organizando el contrabando durante la noche, para lo cual utilizan un sistema carnavalesco: se visten de esqueletos que brillan en la oscuridad para atemorizar a curiosos inoportunos, son los legendarios “fantasmas del pantano”.



    Pero su gran enemigo hace su aparición: los soldados de la corona, dirigidos por el capitán Collier (Patrick Allen), en calidad de “inspectores de hacienda” con armas.



    Hay otro elemento que emparenta levemente el film con el género hammeriano por excelencia: se trata de un mulato (Milton Reid), al que en su día castigó el capitán Clegg sellándole los oídos y cortándole la lengua, y que ahora es utilizado por Collier como si fuera un perro de presa para localizar el contrabando y a Clegg, al cual se le supone enterrado en el cementerio del pueblo.



    El aspecto brutal, monstruoso, del mulato, y sus sonidos guturales, le dotan quizá de un aire un tanto exagerado, aunque efectivo. Será él, precisamente, el que provocará la muerte de Bliss, ya desenmascarado, dando así cumplimiento a su venganza por las torturas infligidas en su día (aunque el motivo de las cuales tienen una explicación final). El entierro de Bliss en la tumba vacía del capitán Clegg, con el que se cierra la película, será uno de los mejores momentos del film.

    Por supuesto (¡es la Hammer!) tenemos a una atractiva joven, Imogene (Yvonne Romain), amante del hijo del señor de la zona (encarnado por Oliver Reed con su intensidad habitual, aunque en un papel menor),



    lo que introduce una historia paralela, ya que también la pretende el propietario de la posada, Rash (Martin Benson), sin que este repare en medios para conseguirla.

    Para los que seguisteis el ciclo Polanski, tenemos el aliciente también de ver en un pequeño papel a Jack MacGowran, el inolvidable profesor Abronsius.

    Entretenida, bien realizada por un para mí desconocido Peter Graham Scott, da para una sesión de tarde sin pretensiones, aunque queda lejos de los grandes títulos de la productora británica. Se comenta que el papel del Dr. Bliss era uno de los más apreciados por Peter Cushing, que huelga decir que está muy bien como siempre.

  3. #3
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Comparto tu opinión y espero volver a verla en breve ahora que tengo la magnífica edición de BD de Powerhouse.

    Solo un pequeño matiz: que yo sepa la película jamás se estrenó en salas comerciales en nuestro país.

  4. #4
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Lo ignoro. Solo he hecho referencia al título en español, sea de Argentina o del Paraguay. En todo caso transcribo el que se indica en imdb. Si se estrenó o no, no lo sé (y si he de ser sincero me es indiferente). Tiendo a usar siempre el original en inglés.

  5. #5
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Programa Michael Powell y Emeric Pressburger

    A raíz del visionado del documental que comento a continuación, disponible en Filmin, sobre la fructífera relación entre el británico Michael Powell y el húngaro Emeric Pressburger, me he animado a mirar algunos de sus films que no había visto.

    Made in England: The Films of Powell & Pressburger (2024), de David Hinton



    Completísimo documental sobre la obra cinematográfica de esta pareja de “directores” que escribieron algunas de las páginas más brillantes del cine británico de posguerra. Conducido por la narración en primera persona de Martin Scorsese, con su pasión cinéfila habitual, son algo más de dos horas, magníficamente montadas, en que se pasa revista a sus películas, mayoritariamente producidas bajo el signo que los identificaba, el de The Archers.



    Le puse comillas a “directores” porque, aunque firmaban conjuntamente sus films, generalmente acreditados como “written, produced and directed by”,



    en realidad se repartían el trabajo: Pressburger se ocupaba fundamentalmente del guion y Powell de la parte visual. Fueron compañeros inseparables durante dos décadas, independientemente de la productora o distribuidora, fuera esta la General Film Distributors (más tarde, Rank) o la Lion Films o la London Films de Korda.

    Scorsese, como en sus trabajos sobre el cine italiano o el cine norteamericano, vincula la obra del tándem Powell/Pressburger con sus experiencias personales durante la infancia, cuando, según cuenta, era habitual que programaran por la televisión películas británicas, ya que las compañías de Hollywood prescindían por aquellos días de la pequeña pantalla.

    Se destaca a lo largo de todo el documental su constante experimentación, especialmente en el uso del color (esplendoroso Technicolor) y de la música, siendo The Red Shoes probablemente el punto culminante, pero sin olvidar films de la talla de The Life and Death of Colonel Blimp (1943), A Matter of Life and Death (1946), Black Narcissus (1947) o The Tales of Hoffmann (1951). Aunque a la larga acabaron separándose profesionalmente, se insiste en que siempre conservaron la amistad. Como es de rigor, Scorsese destaca, entre las películas que rodó posteriormente en solitario Powell, la magistral Peeping Town, película maldita que supuso, en cierta medida, un freno en la obra del director inglés, aunque aún filmaría varias películas, que pasaron sin pena ni gloria, además de algunos trabajos para la televisión.

    Como curiosidad, Scorsese incluye en la narración la estrecha relación que mantuvo con Powell durante los últimos años de vida del británico, instalado en parte en Estados Unidos, donde se casó con la montadora habitual de Scorsese, Thelma Schoonmaker.



    El espía negro (The Spy in Black, 1939)



    Poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial encontramos a Powell y Pressburger compartiendo créditos en esta película, aunque el húngaro sólo como guionista, mientras que Powell dirige en solitario.

    Film de intriga, seguimos las peripecias de un oficial alemán (el gran Conrad Veidt), comandante de un submarino, que tiene que desembarcar en las escocesas islas Órcadas para entrar en contacto con una agente alemana, escondida bajo la identidad de una maestra de escuela (Valerie Hobson). El objetivo es la flota británica que se encuentra estacionada en la zona.



    Se trata de hacer llegar unas indicaciones falsas a la Armada, a través de un oficial presuntamente amargado por el trato recibido por parte de sus superiores (Sebastian Shaw), y atraer al máximo de buques a una zona donde les estarán esperando los submarinos germánicos.



    Powell filma con buen pulso una trama algo tópica, pero muy bien resuelta e interpretada, en la tradición del género de espionaje dentro del cine británico de preguerra, a la que también Hitchcock aportó algunos títulos.

    Además de un sólido reparto (donde encontramos también a Marius Goring, presente en varios títulos de la pareja), destaca la presencia de Miklós Rózsa como responsable de la banda sonora, y el buen trabajo de Bernard Browne en la fotografía en blanco y negro. A su favor, una visión nada maniquea de las fuerzas enfrentadas (estamos en la Primera Guerra Mundial). En su contra, la habitual confusión lingüística: Veidt habla en inglés (con su típico acento alemán) con la tripulación del submarino (uno de cuyos miembros es Goring), pero en alemán inicialmente con la espía en tierras escocesas, aunque rápidamente se pasan al inglés se supone que para no levantar sospechas (a pesar de que Veidt intenta en todo momento no aparecer en público).



    Sé a dónde voy (I Know Where I’m Going, 1945),



    Durante el último año de la Segunda Guerra Mundial, Powell y Pressburger, acreditados ambos como directores, y como autores del guion, además de productores como The Archers, ruedan este excelente film romántico, que no he podido dejar de pensar a lo largo de todo el metraje que hubiera sido un vehículo perfecto para la pareja Hepburn/Tracy.

    Ella es Joan, una espléndida Wendy Hiller, una mujer independiente, decidida que, como reza el título del film, siempre ha sabido a dónde va, ya desde la más tierna infancia. Ahora ha accedido a casarse con un millonario, a pesar de tener la edad de su padre (un banquero que no ve muy clara la unión, pero que parece no atreverse a llevar la contraria a su hija).



    Para ello se ha de desplazar hasta una isla de las Hébridas, al norte de Escocia. Pero el mal tiempo le impide llegar al lugar previsto para la boda. Así pues, se ve obligada a permanecer en el pueblecito de la costa de donde parte la embarcación que la ha de llevar a destino, a la espera que mejore el estado de la mar.



    Durante ese breve espacio de tiempo va a entablar relación con Torquil (Roger Livesey), el señor de Kildare, lugar donde reside su futuro marido y donde se han de casar. Sir Bellinger, el millonario (al que no veremos nunca, solo oiremos su voz por teléfono) ha alquilado Kildare a Torquil, escocés de pura cepa, con pasado noble, pero de presente humilde. Como le dirá a Joan, los lugareños no son pobres, lo que pasa es que no tienen dinero, lo que contrasta con ese arrogante ricachón con el que se va a desposar.



    Poco a poco, Joan se va sintiendo más y más atraída por Torquil, y este por ella, siendo un momento clave cuando ambos asisten al baile que una pareja de ancianos organiza para celebrar su aniversario de casados. Consciente de que está cuestionándose el matrimonio previsto, que esta vez no parece saber del todo a dónde va, Joan fuerza un arriesgado viaje hasta Kildare, en medio de la tormenta, para huir de Torquil.

    El bote, conducido por Torquil, evita por los pelos ser engullida por un enorme remolino (en una secuencia magníficamente rodada, a pesar de la dificultad de hacer creíbles los efectos especiales).



    Han de regresar, pero cuando el mar se calma y Joan ya pueda viajar a Kildare, la película nos depara un giro final que mantendrá unida la pareja. El amor ha vencido. Final emotivo, excelente, lejos de las comedias románticas adocenadas de Netflix .



    Aunque quizá Livesey sea un actor un tanto gris, la relación con Wendy Hiller funciona lo suficientemente bien como para resultar emotiva. Les acompañan un grupo de actores de carácter todos ellos magníficos. Como curiosidad, la película incluye numerosas expresiones en gaélico, que aunque no estén subtituladas no impiden seguir perfectamente la acción. Muy recomendable.

  6. #6
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Un ciclo Powell/Pressburger sí que sería un puntazo, aunque me temo que el acceso a muchos de sus títulos sea una ardua tarea.

    Desde luego de esa colaboración surgieron algunos de los mejores títulos de la cinematografía británica y también algunos de los más bellos de visionar gracias a un espléndido uso del Technicolor.

    EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO fue la gota que colmó la paciencia de los censores británicos y ello provocó un notable endurecimiento de la normativa del BBFC durante el primer lustro de los años 60.

  7. #7
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Más fuerte que el amor (Shockproof, 1949), de Douglas Sirk



    Antes de sus magistrales melodramas para la Universal, durante la primera parte de su etapa hollywoodiense Douglas Sirk (Detlef Sierck) entregó una serie de films más modestos, y en general menos logrados, aunque interesantes, adscribibles muchos de ellos al género criminal. Se trata, generalmente, de películas producidas por compañías menores, una de las más importantes la Columbia, con la que rodó Shockproof, suerte de discreta mezcla de film noir y melodrama.

    Griff Marat (Cornel Wilde) es un agente de la condicional que tiene bajo su responsabilidad a Jenny (Patricia Knight), convicta por asesinato, la cual después de cinco años en prisión consigue la libertad condicional, pero teniendo que cumplir unas reglas muy estrictas. Una de ellas es no contactar con Harry Wesson (John Baragrey), su amante, por el cual cometió el asesinato que la llevó a la cárcel.





    Pero Griff se toma el caso de Jenny quizá demasiado en serio, hasta el punto de ofrecerle un trabajo como cuidadora de su madre, ciega, alojándola así en su domicilio. Pronto advertimos que esa actitud tan considerada esconde una atracción amorosa: Griff se ha enamorado de Jenny, podríamos añadir que “como un colegial”. Pero Wesson sigue siendo una sombra muy alargada en la vida de Jenny. La estimula a dejarse querer e incluso a casarse con Griff, lo cual contravendría la regulación de la condicional, poniendo al agente en un problema del cual piensa sacar provecho.

    Después de que Jenny intente matar a Wesson para que no cuente a Griff cuál era el plan inicial de engañarle (porque ahora ella también se ha enamorado de él y quiere cambiar su vida), la pareja, ya matrimonio, deberá escapar.



    Intentan llegar sin éxito a México y, después, sobrevivir ocultando su identidad, tramo final del film que nos puede recordar otras películas como la languiana You Only Live Once o They Live by Night, de Ray. Pero la película de Sirk está muy lejos de las citadas. De hecho, el guion, firmado por Helen Deutsch y Samuel Fuller, resulta bastante inverosímil y, lo que es peor, sea cosa de los guionistas o de la productora, se cierra con un happy end que casi mueve al sonrojo. No podemos decir que se trate de un mal film, aunque no sale de una cierta vulgaridad, no destacando entre la producción del género de esos años. Tampoco es fácil reconocer la huella de Sirk (desde luego, no la de Fuller, que declaró que poco quedaba de su guion original, titulado “The Lovers”), aunque quizá se le pueda atribuir a él cierta atención por los aspectos más melodramáticos. Film discreto, para completistas.

    Como curiosidad, la sede de la condicional, donde uno de los parolees (personas en libertad condicional) se suicida al haber recaído en el delito, y ante la perspectiva de pasarse el resto de su vida en prisión (una de las escenas más electrizantes del film), está ubicada en el celebérrimo edificio Bradbury, frecuentado años después por toda suerte de replicantes.


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