Nunca deja de sorprenderme el hecho de contemplar como cada nueva generación de cineastas y cinéfilos homenajea y alaba a aquella generación con la que crecieron y con la que formaron su gusto cinematográfico; esta tendencia lleva siempre asociada cierta mitificación de la época en cuestión, que termina siendo contemplada desde un punto de vista de añoranza y nostalgia frente a un panorama actual que, por contraposición, parece frio y poco asequible.

Este proceso es común a todas las cuestiones de la vida; las sensaciones que uno vivió de niño, de adolescente o de joven introduciéndose en el mundo adulto siempre perduran más porque fueron más intensas que las que percibimos de adulto, pero es precisamente ese recuerdo tan intenso lo que nos lleva a que cada generación se encierre en sus propios iconos y códigos y se quede "pasada de moda" frente a quienes vienen detrás.

Comento todo este rollo porque en los últimos tiempos hemos asistido a la "revalorización" de numerosas películas, actores y autores que, en su tiempo, eran destrozados por la crítica e incluso por el público y a los que hoy se trata con afecto y respeto. Esta revalorización no es nada nuevo, porque en su tiempo ya la sufrieron figuras hoy intocables como Hitchcock o Welles, pero me llama la atención porque es la primera que he vivido "en directo".

El primer caso del que me di cuenta fue con Clint Eastwood: en mi infancia cinematográfica, cada vez que alguien hablaba de este señor o se le mencionaba en un periódico se le trataba como a una especie de Chuck Norris o Arnold Schwarzenegger, solo que más viejo, con una filmografía plagada de éxitos comerciales pero excasos títulos de interés; años después resulta que casi cualquier cosa que tocase o hubiera tocado era buena, e incluso películas flojeras como La jungla humana o Cometieron dos errores pasaron a ser "estimables muestras de cine de género" frente al cine de acción de los 80.

En su momento, estas películas de acción ochenteras se llevaban un palo tras otro, se las acusaba de faltas de argumento, de exceso de violencia y FX, etc... Resulta que a día de hoy, quienes vivimos aquellas películas en nuestra infancia, las declaramos "clásicas", "sobrias" y que "no necesitaban de un exceso de FX para ser espectáculos convincentes", lo cual nos ha llevado también a la reivindicación de sus actores mas característicos como Silvester Stallone, que ahora resulta que siempre ha sido un gran actor dotado de caracter y talento cuando hasta hace cuatro días era todo lo contrario.

Sin embargo, las películas actuales de acción nos parecen faltas de argumento, videocliperas y repletas de FX innecesarios... aunque es probable que, dentro de 20 años, para la generación que se ha criado con ellas, Michael Bay sea un "entrañable artesano" autor de "estimables cintas de género"... Y nosotros, como viejos cinéfilos, nos llevaremos las manos a la cabeza igual que los que nos precedieron se las llevaron cuando encumbramos a Spielberg, o los anteriores cuando aquellos encumbraron a la nouvelle vague, etc, etc, etc...

Lo que quiero decir es que al final, parece que la historia del cine se escribe siempre a agua pasada, con un punto de vista que se recrea más en la nostalgia de un pasado mejor que en el posible futuro; cada nueva generación anuncia el final del cine, "las cosas ya no se hacen como antes"...

Y, en efecto, ya no se hacen como antes, pero eso ¿es malo?

:ipon