Los humanos oímos (de media) entre los 20 hercios y los 20 kilohercios, siendo los 20 hercios las frecuencias más graves y los 20 kilohercios las frecuencias más agudas. Los tweeters (altavoces de agudos) pueden fácilmente subir por encima de las frecuencias audibles, llegando a los 30 y 40 kilohercios sin mayores problemas a pesar de que, excepto los murciélagos, pocos más van a oír esas frecuencias. Con los graves no pasa lo mismo: no es común encontrarte con altavoces que te reproduzcan los graves completamente; lo normal es que se queden en los 40 ó 50 hercios. Por eso, lo común es la combinación de altavoces pequeños o de columna y un altavoz de subgraves que se encargue específicamente de las frecuencias más graves (entre los 20 y los 200 hercios normalmente)
Aunque sobreentiendo tus intenciones, esa afirmación es tan falsa como decir que un tweeter es mejor que otro porque alcanza los 30 kilohercios. Un subwoofer será mejor que otro en función de la capacidad que tenga de reproducir la señal sonora con la menor distorsión posible y con una respuesta en frecuencia lo más plana posible.
Las pulgadas, por razones simplemente físicas, solamente tienen que estar en proporción a la superficie total que tenga que cubrir. Un subwoofer de diez pulgadas puede perfectamente bajar a los 20 hercios; uno de doce simplemente emitirá una onda sonora que permitirá abarcar una superficie de mayor tamaño para una misma frecuencia.
Dicho todo esto, repito lo que cualquiera que se mete en estos berenjenales debería saber: sin una medición medianamente seria y sin un tratamiento acústico de la sala, de poco sirve dar recomendaciones de equipos o tamaños de altavoces. El mejor equipo del mundo desaprovechará todo su potencial en una sala mal tratada.