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Me pareció buena cuando la vi en el cine y, con el tiempo, la veo incluso un poquito mejor. La percibo algo olvidada, infravalorada, y la hallo a un nivel similar a la más reconocida JFK (1991).
En esta apasionante crisis mundial que por su propia temática, primero, y por la presencia de Kevin Costner, segundo, me arrastró a verla ilusionado, es precisamente el papel de Costner el que considero el punto más débil. No malo, pero sí el más débil, y veo cómo los minutos de Costner lo son a costa de los de Bruce Greenwood (John F. Kennedy), que está que se sale en el papel.
Delicioso Kevin Conway como el general Curtis LeMay. ¡Hay que ver cómo le planta cara a Kennedy!
Poderosa la secuencia, cerca del final, que va desde cuando Costner y Steven Culp (Robert Kennedy) pasan ante la embajada soviética en Washington y ven humo saliendo de la chimenea: "Queman sus documentos. Creen que habrá guerra", a la llegada al departamento de justicia para la reunión entre R. Kennedy y el embajador soviético. Es memorable la escena de Costner silbando en la sala de espera y descubriendo frente a él a una mujer angustiada… con el pin de la Unión Soviética en la solapa, la esposa del embajador, aguardando el resultado de la negociación y las consecuencias para el mundo: —¿Quién es usted? —Un amigo
De haber habido una guerra total, apuesto a que habría acabado en una victoria espectacular de los Estados Unidos. Más y mejores misiles. Más y mejores bombarderos. Más y mejores aliados. Hoy se sabe que el "missile gap" y el "bomber gap" eran un mito y que la brecha favorecía a América.
Los militares tenían razón, como llega en un punto a reconocer Kenneth O'Donnell, el personaje de Costner.
Una estimable película y un buen trabajo del director Roger Donaldson, que tiene unas cuantas películas interesantes en su filmografía.