Básicamente con fundas que previenen no sólo el polvo, sino también que los amaray se rallen fruto del contacto y fricción que provoca el extraer y almacenar nuevas copias. En cuanto a su ubicación, las alojo en una zona donde no incida directamente el sol (para que no se oxiden las carátulas). Además, también tengo un deshumificador para controlar la humedad en el ambiente.
Por cuestiones de espacio, no las puedo almacenar dentro de una vitrina, que sería a mi juicio lo óptimo para tener una garantía plena de conservación, pero lo dicho, mientras no les de directamente el sol, ya prevengo muchos problemas y adversidades.
Siempre me ha parecido llamativa la predisposición comercial de unos cuantos consumidores por los steelbooks, cuando requieren de un mayor cuidado, invirtiendo más tiempo y dinero en conservarlos y preservarlos frente a un simple amaray. Un steelbook se puede oxidar, un amaray de plástico, no.
¡Saludos!