La colección como una inversión de futuro

Uno de los aspectos que un coleccionista debe plantearse en algún momento de su vida es el futuro. El futuro de su colección y su propio futuro. En el primer caso, es importante saber o prever qué ocurrirá con dicha colección cuando ya no estemos aquí. Nadie es eterno, así que es de lo más normal pensar en ello. Hablo de colecciones importantes, ya sea por su tamaño, temática o valor. No es lo mismo tener media docena de albums de cromos antiguos que una pinacoteca dedicada al cubismo, pongo por caso. Toda colección tiene sus valores, por supuesto. En ocasiones serán más sentimentales o personales que económicos, sin duda.


El primer paso, pensando en lo anterior, es catalogar la colección (o colecciones). Llevar un registro de cada pieza es interesante por diversos motivos. Primero, nos ayuda a saber qué tenemos, qué no tenemos, qué hemos prestado (si se trata de libros, películas, etc.) y qué es lo que nos falta o nos interesa encontrar. Segundo, el catálogo reúne toda la información sobre la pieza en cuestión. Su origen, su descripción, todos los detalles que sean pertinentes, y un dato a tener en cuenta: su valor económico en el mercado. Podemos registrar tanto el precio de compra como el de venta actualizado. Por una parte nos sirve para saber si nuestra colección tiene un valor constante o se revaloriza con el tiempo (que es lo más normal), y por otro para ser conscientes de lo que hemos invertido hasta el momento y el valor total de mercado.


¿Por qué incido en el valor económico? Por varias razones. A pesar de tener todo catalogado, si no hay quien continúe con nuestra afición (ya sea un pariente cercano, amigo, etc.), ¿cuál será el destino de la colección? En el mejor de los casos, alguien la continuará. En otros, quizás los herederos quieran venderla y para ello nada más útil que disponer de ese catálogo para no vender por debajo del precio que tiene. Otra posibilidad es ceder la colección a un museo o institución que se encargue de conservarla y hacerla pública.


También hay que contemplar que el futuro no es cierto para nadie. Conozco casos de coleccionistas que gracias a sus años de afición y recopilación de piezas de valor, llegado el momento (jubilación, malas épocas económicas, etc.) pueden subsistir vendiendo sus colecciones o parte de ellas. El catálogo nos será una vez más muy util. El tiempo va borrando recuerdos y es probable que no tengamos una idea clara del valor de una pieza determinada. El apoyo del catálogo será importante para decidir y determinar qué piezas vender y que ofertas valorar. Tampoco es extraño vender parte para conseguir otras piezas. Ya sean mejores o más interesantes. Ciertos objetos tienen una utilidad que yo llamo periódica. En un momento pueden sernos útiles para una investigación, una publicación, un estudio, y más tarde no son más que el testigo de ese ensayo y ya no nos interesa conservar el original. Llegados a este punto es más provechoso deshacerse de ellos y refinanciarse.


Entiendo que muchos coleccionistas, por su temática elegida, o por cualquier otro motivo, no vean esta posibilidad como probable en su futuro inmediato. Pero, ¡nunca se sabe!


En relación directa está la correcta conservación de los objetos, para que no pierdan valor. El ambiente donde se guardan o exponen, por ejemplo, debería estar libre de mascotas, humo, humedad, excesiva luz solar, polvo, suciedad, etc. Un poco lo que se practica a diario en los museos, que de esto saben un poco. El deterioro por dejadez es imperdonable. Una buena colección de fotografías antiguas tiene que tener sus cuidados, por ejemplo.


Cualquier aficionado a la filatelia o la numismática entenderá a la perfección lo dicho. Ninguno de ellos, si se toma la colección en serio, amontonará sus ejemplares en una simple caja de cartón. Al contrario, invertirá cierto dinero para organizarlos en álbumes, bien protegidos. Lo mismo debería aplicarse a cualquier colección que se precie. Es la diferencia entre un montón de cachivaches y una serie de piezas que tienen una relación entre sí, bien ordenada y conservada.


¿Cómo crear el catálogo?


Existen muchas posibilidades, como es lógico. Una bien simple es llevar un registro en una libreta, un bloc de notas, etc. Es la más sencilla y económica, pero tiene sus puntos débiles. Es difícil reordenar los registros (a menos de que usemos una libreta con anillas y hojas intercambiables), tampoco facilita compartir los datos con los demás por vía telemática, etc. Creo que el bloc de notas o similar es adecuado como primer registro, el registro en bruto. El paso lógico siguiente es informatizarlo todo.

La informática nos rodea por todas partes, así que no es difícil encontrar soluciones ya hechas que pueden adaptarse a nuestras necesidades. Desde hojas de cálculo personalizadas, hasta sitios Web como Kolectia, pasando por todo tipo de aplicaciones para el ordenador personal, el teléfono móvil, etc. Hay aplicaciones específicas para organizar libros, películas, música, sellos, monedas, etc. Mi ideal sería una base de datos multidisciplinar, con multitud de opciones para poder organizar y catalogar cualquier pieza. Ya sea un abrigo utilizado en el rodaje de una película, un fósil primitivo o una jarra de cerámica. Todo con su registro completo, información detallada y fotografías ilustrativas (o incluso vídeos, cortes de sonido, etc.). Todo lo que de una visión clara de cada objeto, su función o su razón de ser, y por supuesto su valor.


Más de uno quedará sorprendido del valor que tiene en su casa, en sus estantes, en sus cajones, en sus vitrinas, etc. Y puede que entonces tome decisiones basándose en esa información. ¿Vale la pena seguir la colección? ¿Hay que cambiar alguna pieza? ¿Es necesario invertir para protegerla mejor? Surgirán mil preguntas y dudas. Quizás todo esto suene ajeno a quien va acumulando objetos con un fin común: tener una serie o un conjunto y poco más. Para el coleccionista innato, aquel que busca sin cesar nuevas piezas, con el peregrino objetivo de terminar algo, será en extremo útil conocer el estado de la cuestión. Y si el catálogo registra también dónde hemos encontrado la pieza (sea en una tienda de segunda mano, un centro comercial, o una subasta online), nos ayudará para próximas búsquedas y adquisiciones sin tener que volver a partir de cero.


Cualquiera que sea el sistema empleado debe ser ampliable, extensible y sin limitación de espacio o volumen. En la actualidad disponemos de unidades de almacenamiento de capacidades muy grandes que solucionarán este punto a un coste muy razonable. No hay excusas. Y como alternativa está el almacenamiento online, privado o público, que nos permite además acceder a la información desde cualquier punto en el que nos encontremos (como ejemplo la base de datos de placas de cava en xapes.net, mucho más útil que si nos dedicamos a crearla por nosotros mismos en nuestro ordenador y un día se nos estropea).


Colecciones finitas e infinitas


Tras merodear un tiempo por Kolectia y otros sitios similares, se observan dos tipos generales de colecciones: las finitas y las infinitas. Para distinguirlas pondré dos ejemplos claros. Una colección finita es la que consiste en una serie de objetos y no más. Un caso sería cualquier colección de cromos publicada. Tiene tantos ejemplares y ya está. La colección infinita es fácil de reconocer. Es aquella que nunca termina. Por ejemplo, una colección general de películas de cine. Cada día se publican cientos de ellas en el mundo. Por tanto, es infinita.

Cuando se trata de una colección infinita es interesante poder aprovecharse de las bases de datos disponibles en la red. ¿Para qué? Para obtener la información básica del objeto mediante una rápida consulta a la red. Como ejemplo tenemos los libros, codificados con su número de ISBN único, así como películas, música en soporte físico, cómics, revistas, videojuegos, etc. No vale la pena volver a escribir todos los detalles que ya se encuentran en la red. Esta opción está incorporada en las últimas aplicaciones aparecidas para gestionar este tipo de colecciones. Con un simple lector de códigos de barras, o con el propio teléfono inteligente, apuntamos al código y el dispositivo se conecta a la red, lee la información de la base de datos y rellena los campos en nuestros propios registros. ¡Con un solo clic!


Como puede verse, sistemas los hay, muchos y variados. Por decirlo de algún modo, no existe excusa alguna para no ser ordenado y tenerlo todo bien registrado y catalogado.


¡Ahora te toca a tí!


¿Aún no has hecho los deberes? Pues… ¡empieza ya! No esperes a tener mil piezas, comienza con una docena y cada nueva incorporación te llevará unos pocos minutos. ¡Vale la pena! O te pasará como a mí. Ahora enfréntate a todo ésto: