Magnífico, sí señor, y que a estas alturas esos minutos finales del montaje con Giorgio Moroder me sigan poniendo los pelos como escarpias (esto, ejem, con permiso de los Doyle), es algo atávico...
Magnífico, sí señor, y que a estas alturas esos minutos finales del montaje con Giorgio Moroder me sigan poniendo los pelos como escarpias (esto, ejem, con permiso de los Doyle), es algo atávico...