Esto escribí en su momento del Fantasma, Jane...
Una tragedia que se nos presenta como si fuera un documental, que avanza entre el humor y el terror satánico que resulta ser un musical que reflexiona sobre la industria del entretenimiento, el fenómeno fan, lo comercial y la obra de autor.
De Palma se lo pasa en grande dando rienda suelta a todo su mundo de referencias literarias y cinematográficas, juegos con formatos de pantallas, humor de plagios, en definitiva, una mezcla, un pastiche imposible, inimaginable que consigue transformar en una obra personalísima.
Unos secundarios desternillantes (los Fruit Juice, Beef, ...) aportan el toque cómico mientras que los dos protagonistas más que serios, trágicos, pero al mismo tiempo horteras, presentados de la mejor manera posible (el guante de Swan, el cartel de Winslow) desembocan en la madre de todos los clímaxs depalmianos en la inauguración del Paraíso.
Espectacular el plano secuencia subjetivo del fantasma entrando en el Paraíso, o el fascinante plano en el que enfoca a Swan y el fantasma en un palco haciendo el casting y sólo vemos dos lucecitas con fondo negro que simulan la cara del diablo, o la escena voyeur con el fantasma observando desde el tejado a Swan y la chica.
Y atención al texto de las canciones de Paul Williams que da una dimensión más al conjunto, desde la premonitoria primera canción de los Fruit Juice, pasando por la de la visita a la mansión de Swan, temas centrales de amor en la cantata y mi favorita, la del monstruo de Frankenstein que da paso a la loca de Beef.