Hay un pormenor que los historiadores suelen olvidar y que conviene retener: es el que concierne a la versión española de "Drácula". En los comiezos del cine sonoro (...) las grandes marcas americanas (...) iniciaron la elaboración simultánea de versiones en distintas lenguas y con intérpretes de las nacionalidades respectivas (...) El procedimiento consistía en seguir al pie de la letra el guión original traducido con fidelidad; al concluir el rodaje de un plano en inglés se retiraban sus actores y entraban los de cada una de las versiones en otros idiomas, que con el mismo emplazamiento de la cámara repetían lo que sus compañeros acababan de hacer.
"Drácula" se hizo (simultáneamente) en inglés y en castellano; esta segunda versión llevaba diálogos de Baltasar Fernández Cue, la dirección - que se limitaba al juego expresivo de los intérpretes - corrió a cargo de George Melford y Carlos Villarías sustituyó a Bela Lugosi, Lupita Tovar a Helen Chandler, Pablo Álvarez Rubio a Dwight Frye, Barry Norton a David Manners, etc.
Y es justo señalar dos cosas muy importantes: que la labor de Álvarez Rubio en el papel de Renfield resultaba mucho más apropiada que la de Frye y que la de Villarías nada tenía que envidiar a la de Lugosi. Si la personificación del vampiro por el actor húngaro ofrecía el fascinante efecto de su leve pronunciación extranjera, el perfecto castellano de Villarías era un modelo de matización inquietante.
Esta versión es la que se proyectó en España y a todos satisfizo plenamente en su conjunto y en la encarnación del protagonista. La versión original no se exhibiría en nuestro país hasta 1965, en el Ciclo de Cine de Terror organizado por quien esto escribe dentro del Festival Internacional de San Sebatián; cuando recordábamos al cabo de 34 años el célebre filme y mentalmente pudimos comparar las dos versiones , nada echamos de menos en la española y si la actuación de Bela Lugosi nos sedujo a todos, no bastó a anublar la feliz memoria de la espléndida de Carlos Villarías.