Me reitero en mi total desánimo hacia el que ha sido durante años mi mayor vicio reconocible: el coleccionismo de películas.
Parece que en este mercado, prácticamente, ya sólo queden fulleros especuladores y flemáticos patricios.
Los primeros a la rapiña, tratando de hacer botín del saqueo y los segundos cubriendo el expediente por imperativo, con la mayor de las desidias, desando que el círculo se cierre de una vez para poder dedicarse a otros menesteres.