Ahonda en temas dolorsos como la soledad, la culpa, la pérdida de un ser querido y la dificultad de asimilar dicha pérdida. Todo ello aderezado con pequeños toques de ciencia-ficción al más puro estilo Phillip K. Dick.
El segundo episodio (The Waldo Moment) es quizás el más complicado de asimilar, pues todo resulta un tanto surrealista. Sin embargo, tras una breve reflexión final, uno puede vislumbrar una crítica feroz a la política actual, donde la sociedad está cada vez más alejada de los partidos tradicionales sin importar sus siglas. La conversación que tienen Jaime y su jefe con un agente de la CIA resulta demoledora y, al mismo tiempo, reveladora. Una escena que desnuda por completo la democracia actual y acaba despojándola de su tan cacareado romanticismo.
El tercer episodio es sumamente entretenido y, al contrario que el primero, nos golpea duramente al final del mismo. Brooker escribe un relato que crea en el espectador un notable grado de empatía hacia su personaje protagonista. Compartimos su sufrimiento, sus miedos, sus vagos recuerdos, hasta que nos asesta una puñalada al corazón que acaba con toda esperanza de salvación. El famoso ojo por ojo que eleva la pena de muerte hasta un lugar de privilegio.