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Branagh/Doyle
Me he tomado la libertad de consultar a un ex colega sobre el debate que estamos manteniendo aquí y hemos mantenido una provechosa conversación.
Dejo aquí , de manera más o menos sintetizada, su parecer al respecto (he intentado estructurarlo lo mejor que he podido) .
Buenas, B/D. Veo que sigues intentando hacer ver a la gente que el compositor escocés es lo mejor que ha sucedido en la historia de la humanidad desde el descubrimiento de la penicilina, exactamente igual que cuando nos conocimos hace ya 25 años. No seré yo quién te diga que abandones tu propósito, descuida.
Doyle es un compositor extraordinario. No bueno, muy bueno, o excelente. No. Extraordinario. Probablemente la figura británica más relevante a nivel compositivo surgida en Inglaterra desde Sir William Walton, al menos si nos ceñimos al post romanticismo británico. No me meto en comparaciones y en "escalones" con respecto a otros autores; no tiene sentido, a menudo es injusto y se trata de terreno pantanoso. Incluso entre los grandes hay clases...
Centrándome en Doyle, tiene una formación completamente clásica, académica en el sentido más tradicional del término, y eso era ya raro de ver en los 70, cuando cursó sus estudios. Además, tomó lecciones de interpretación, lo que le ha ayudado enormemente a comprender, como músico, las necesidades dramáticas y narrativas del teatro y el cine.
Para cuando Kenneth Branagh debutó en el cine con Enrique V en 1989, ambos tenían una sinergia más que consolidada, dado que el escocés ya había puesto música a numerosos montajes teatrales de su amigo. Ambos conocían en profundidad el repertorio Shakespiriano.
Eso explica la inusitada madurez compositiva y dramática de la obra, que parece la esplendorosa creación de un veterano del medio.
Pero divago. A mi juicio, desde 1989, con la citada Enrique V de Branagh, hasta 1999, con La Vida Prometida (Este-Oeste), de Régis Wargnier, su carrera es intachable. Fulgurante. Repleta de obras maestras. Trabajó mucho, muy bien, y variadamente, incluso con una grave enfermedad de por medio.
Despues... empieza a resultar algo errática su elección de proyectos (el misterio galindez, jekyll & hide...), circunstancia que propicia que, por primera vez, no se edite su trabajo comercialmente (impensable en los 90), aunque de la mano de viejos amigos y colaboradores logra participar en proyectos de enjundia (Harry Potter, o en su género Nanny Macphee), donde ofrece su buen hacer habitual... alternandolos con otros ciertamente flojos (Eragon, La Ultima Legión, Igor...)
En 2006, tras firmar Como Gusteis para Branagh, una delicia pastoril, ocurren dos cosas: su orquestador de toda la vida, Larry Ashmore, se jubila por enfermedad, y Doyle abandona el lapiz y el papel (fue uno de los compositores cinematográficos que más se resistió a la tecnología) y se pasa a los secuenciadores, samplers, programas de notación en ordenadores y demás.
No puedo establecer una relación directa entre esto y un cambio de formas compositivas, pero lo cierto es que a partir de Sleuth (incluida), su estilo pasa a estar lleno de electrónica, loops, ostinatos mediaventureros, percusión sampleada y demás.
Quizá la clave esté en que Doyle nunca fue realmente versátil, ni mucho menos experimental, sino que tuvo la inmensa suerte de poder trasladar su elegante escritura británica (de trazo limpio, claro, nada ambiguo, contundente) a multiples películas de géneros y directores distintos, quienes además le permitieron lucirse.
Cuando se le ha forzado a salir de ese estilo... es cuando ha tenido problemas.
Y en esas estamos salvo sonoras excepciones que demuestran que Doyle sigue ahí, que es, o puede ser, el de siempre (Cenicienta, All Is True)... si bien la orquestacion o las armonías no llegan a ser tan lustrosas como antaño, eso si.
La industria ha cambiado, la forma de hacer películas ha cambiado, y por tanto la concepción y el papel de la música de cine también... pero no debemos olvidar que más allá de dichas circunstancias, los artistas pasan por etapas creativas, algunas de mayor esplendor y otras de menos. Y no pasa nada.
Branagh trabaja como director para los grandes estudios desde 2011 para pagarse sus proyectos personales en cine y teatro y bien que hace. Era eso o dejar de hacer cine. Adaptarse para sobrevivir. Lo hace porque Trabajos de Amor Perdidos, Cómo Gusteis, La Flauta Mágica y su versión de La Huella, que fueron proyectos muy personales de la década 2000-2010, también fueron tres sonoros fracasos, en parte por sus graves problemas de distribución.
Encadenar tres fracasos seguidos era demasiado, y decidió replantearse su metodología de trabajo. Trabajar para los estudios le asegura un colchón, salgan los proyectos mejor o peor. En cuanto a Doyle... está con su amigo, como siempre. A las buenas y a las malas, en los proyectos que les permitan mayor libertad y margen, y en los proyectos donde tengan las manos atadas. ¿Que le gustaría que, más allá de Branagh, le llamasen más?. Ya te digo yo que si. Pero esa es otra historia.
Mucho Ruido y Pocas Nueces fue el resultado de la alegría de vivir de un hombre feliz que se fue de vacaciones con sus amigos actores y su mujer a la Toscana y ya que estaban allí, rodaron un Shakespeare. Al margen de todo, sin presiones de estudios ni ejecutivos. Una locura impensable hoy en día. Y eso se transmite viendo la película. Esa gente no está solo actuando, están pasandoselo en grande.
En Frankenstein se impuso a Coppola y a Frank Darabont e hizo lo que le dio la real gana. Una vez más, adaptación pasional, desatada y muy personal.
En 1995, Branagh es un hombre divorciado, que ha pasado un ultimo año muy jodido, ha perdido peso, dormido mal. Tiene 35 años y decide que es o ahora o nunca. Con una determinación propia de un demente (dicho esto en el mejor sentido posible) decide que tras el fracaso de Frankenstein no tiene nada que perder, y resuelve filmar Hamlet, la mayor pasión de su vida, íntegramente, a lo grande... y con no demasiado presupuesto.
Para su sorpresa, medio Hollywood, además de su colegas británicos, acude a su llamada, algunos incluso sin cobrar, con lo cual el reparto acaba siendo un desfile de celebridades internacionales . Charlton Heston dejó a todo el mundo con la boca abierta con su papelito.
Pero lejos de ser un mero reclamo, todo funciona.
4 horas a a lo Ben-Hur, a lo doctor Zhivago, a lo epopeya épica del Hollywood clásico filmada en 70 mm por el veteranisimo Alex Thomson, el asistente de Freddie Young en Lawrence de Arabia. 4 horas de pasión enfervorecida, de desatados planos secuencia, de travellings siguiendo a los personajes mientras estos declaman el texto, de contrapicados relevando sus turbulencias emocionales. Con una música épica, radiante, emotiva y conmovedora.
Con Branagh saboreando cada línea, cada coma, sabiendo que eso no va a volver a repetirse.
Porque no va a volver a repetirse. Ni ese cine ni esa música de cine. Cuanto antes lo asumamos, antes podremos apreciar a Doyle y Branagh por lo que hacen (o por lo que les dejan hacer, dadas las circunstancias) y no solo por lo que hicieron.
Al menos, eso si, Branagh está rodando sus Poirot en 65mm. Que viva el celuloide.