Tremenda esa escena, y magnífica la realización de la espeluznante criatura.
En la reciente The Possession, hay un momento que me recuerda mucho a éste. No tan bien resuelto, pero lo suficientemente efectivo como para que por sí sólo aumentara mi valoración de esta nada desdeñable película.
Hay muchas películas que durante mi infancia-adolescencia me aterraron cosa mala: Carrie (sólo con ver el cartel con Sissy Spacek ya temblaba), El Misterio de Salem's Lot, Poltergeist, las dos primeras de la saga Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Los chicos del maíz, Amenaza en la sombra, El Ente, La Profecía, El Resplandor, Terror en Amityville, Posesión infernal, La leyenda de la mansión del infierno, la inolvidable Al final de la escalera, y varias más... ¡Pero si hasta el vídeo de Thriller me acojonó desde la nochevieja que se estrenó, obligándome a guardar mi colección de Creepy, Dossier Negro y demás revistas de cómics en el armario para no cruzarme esa noche con ninguna de sus terroríficas portadas!
Pero hay una en especial que logró tumbarme de un directo a mis entrañas como ninguna otra lo ha hecho. Esa es El Exorcista.
Su tema, su estilo narrativo, su puesta en escena, sus emotivas interpretaciones (¡Karras!), la música, maquillaje, efectos, etc. Todo encaja a la perfección para brindar una película que ataca donde residen nuestros miedos más profundos, un lugar donde nos convertimos en meros recipientes y marionetas de algo más grande que nosotros mismos: del terror más oscuro, ancestral y atávico. Una película donde se respira un ambiente denso, podrido, venenoso; donde el mal se palpa y te das cuenta que te está mirando a ti a través de los ojos de zorro (como los describía William Peter Blatty en la novela) de una cría de trece años.
Contada de una forma tan directa y contundente que me costó muchísimas noches de terrores nocturnos y pesadillas el poder reponerme (y creo que aún no lo he logrado...).
Aquél sábado que reuní el valor suficiente para poder verla por primera vez, viví el encuentro con el HORROR como no lo había hecho hasta entonces.
Ya en la actualidad, hay algunas películas que sin llegar a causarme tanto miedo, sí llegan a inquietarme.
Por ejemplo, uno de los autores que logra incomodarme como nadie, es David Lynch. Sus universos y personajes me desasosiegan y estremecen.
Y si ya, dejando aparte el puro sentimiento de miedo, entramos en el mero placer estético del cine de terror y fantástico, nombraría cientos y cientos de películas.
Esto es una pasión que se nutre de múltiples factores, características e inquietudes, y que proporciona placeres infinitos y apetitos insaciables.