Mi película favorita de 2006 junto con Hijos de Los Hombres, lo que no quiere decir que sea tan “buen film” como Infiltrados o The Queen, por poner un ejemplo. ¿Contradictorio? Sí pero Apocalypto, al igual que la genialidad de Cuarón, no se atiene a las normas cinematográficas habituales. No suelo emplear esta palabra muy a menudo porque desconfío del significado,
pero “visceral” es un adjetivo que a esta maravilla le viene como anillo al dedo: una exhibición de fuerza de 125 minutos donde la imagen toma el mando y convierte el declive de la civilización maya en la mejor película de aventuras de los últimos veinte años, a la altura de Master & Commander (salvando las diferencias) y hermana de sangre de la igualmente fascinante La Selva Esmeralda.
No tanto un estudio sociológico como una odisea de hostias verdaderamente brutales, Apocalypto presenta una idea fundamental: mantener las cosas simples. A Gibson se le ha llamado facha, reaccionario, fanático religioso, pero también es un tradicionalista en el mejor sentido de la palabra: uno que desprecia la autoridad y la civilización cuando faltan a su principal objetivo, y no solo entorpecen el desarrollo del hombre, sino que le aniquilan. Así que Garra de Jaguar, su familia y su tribu viven en paz y armonía, hasta que unos cretinos teóricamente más desarrollados les secuestran y les ofrecen como sacrificios humanos para controlar a la población. Qué de puta madre, ¿ein?. Pues para Gibson las reglas cambian en el momento que Garra de Jaguar se escapa y vierte sobre las cabezas de los desdichados que le persiguen la venganza más burra vista en años en una pantalla de cine. Amigo lector: Gibson no es Charles Dickens ni Camilo José Cela, para ver maravillosas disecciones y largas disertaciones de la sociedad, para eso está Babel, que seguro que la proyectan en la sala de al lado.
Al igual que su anterior film, La Pasión de Cristo, Apocalypto está rodada íntegramente en su idioma original, en este caso mauya con subtítulos. Es uno de los pequeños lujos que su director y productor se puede permitir y francamente, podría haberse doblado perfectamente (aunque nos perderíamos el esfuerzo de sus protagonistas para hablar esa lengua, que por otro lado no rechina al oído, al contrario que el arameo). Sin embargo, es parte de la forma que tiene Martin Riggs de integrarnos en el mundo en el que viven estas personas, donde la paz, la armonía y el cachondeo de la tribu de Garra de Jaguar (en la que destacan las escenas donde toman el pelo a su compañero Mellado, incapaz de tener hijos, por lo que se ve obligado a comer cojones de tapir, como suena) contrastan con el ambiente cargado de la gran ciudad maya, desde cuya pirámide principal un sacerdote cabrón se dedica a sacar el corazón a la peña y rebanarles la cabeza delante de una reina que parece un clon de Paris Hilton y de un pequeño principito, gordo como una foca y con una cara de niño cabrón que dan ganas de tirarle escaleras abajo.
Esencialmente, Gibson confía en el poder visual de una de las mejores puestas en escena del año. No hay muchas florituras, al margen del empleo de la cámara lenta, pero sí hay mucha cámara en mano digital que nos pone directamente en la piel de los personajes. Es una película que además no deja pasar mucho rato desde que comienza hasta que termina: la odisea de Garra de Jaguar apenas dura un día, y no hay muchas elipsis de tiempo, lo que provoca sensación de agotamiento y claustrofobia (hay escenas que duran cerca de cuarto de hora, veinte minutos), pero este señor sabe rodar: la fotografía es excelente y la banda sonora, aunque está por todas partes, acompaña a la acción sin resultar molesta. La riqueza está en los primeros planos, los gestos y las miradas (magnífico Rudy Youngblood) y en el uso de los colores (esclavos pintados de blanco, los que van a ser sacrificados, cubiertos de azul; y Garra de Jaguar cubierto de barro negro, en los últimos momentos de la película).
Pero insisto, esto es una película de acción, donde los buenos son muy buenos y los malos son unos verdaderos bastardos, en particular Ojo en el Centro y Lobo Cero (¿habéis visto alguna vez un nombre tan acojonante?). Todo es blanco y negro para Gibson, que pasa de complicarse la vida. Es por eso por lo que el film ataca directamente a la sed de sangre del espectador.
Aviso: esta película es violenta. No artísticamente violenta como lo que hace Tarantino. No subnormalmente violenta como lo que hace Eli Roth. Me refiero a brutalmente violenta. Cráneos destrozados, caras devoradas por animales salvajes, fosas humanas, empalamientos, flechas en todo el coco, puñaladas y las hostias a puñetazos de toda la vida, sin recrearse mucho, pero sin cortarse un pelo, a eso me refiero. Y en lo que a acción se refiere, os lo aseguro, Apocalypto apenas conoce rival: es frenética, rápida, y algunas escenas son simplemente acojonantes, en especial todo lo que se refiere a sus últimos 40 minutos, en la que una partida de siete guerreros intenta dar caza a Garra de Jaguar, que intenta volver a lo que queda de su pueblo para salvar a su mujer y a su hijo.
Esta peli es una verdadera experiencia para los sentidos. Prescindiendo de lo que Gibson haga en la vida real (donde se le trata como a un moscón que perturba la apacible vida de los políticamente correctos), este tío ha encontrado su propia voz, en un momento de su carrera en el que ha llegado a un punto en el que puede hacer lo que le da la real gana. En vez de jugar al fútbol en las grandes ligas, este tío se dedica a hacer la clase de películas que él quiere ver, lo que le convierte en un verdadero outsider dentro de la industria, capaz de conectar con el público porque no se complica la vida lo más mínimo y porque realiza un tipo de cine que atiende mucho más al instinto que a la inteligencia. No es una película extraordinaria, pero sí es una gran, gran experiencia.
LO MEJOR:
- Apocalypto es una mala bestia de película.
LO PEOR:
- Nada. Es más simple que el mecanismo de un botijo, y todos aquellos que deseen más complejidad, se pueden sentir decepcionados.
Nota: 8