Vaya naufragio el de Oliver Stone. Aún me estoy preguntando cómo demonios consiguió que una major USA como la Warner le haya dado 150 millones de dólares para hacer esta película, sobre todo teniendo en cuenta que desde hace casi 15 años no ha rodado nada salvable, ni siquiera a nivel comercial.
Decía Quentin Tarantino a propósito de Asesinos Natos, de la que exigió retirar su nombre como guionista una vez vió el montaje final, que el problema de las películas de Oliver Stone es que éste, como director, acaba imponiendo a los espectadores su visión, sin dejar que éstos interpreten por sí mismos lo que se ve en la gran pantalla, cuando él pretendía que cada persona que viese el film reaccionase de una manera diferente ante la violencia del film. Examinando la filmografía de Stone, creo que Tarantino tiene mucha razón en su afirmación y este Alexander no es ni mucho menos una excepción.
Stone abre y cierra su película con un narrador (Ptolomeo, Anthony Hopkins) que nos pone en antecedentes históricos sobre la época y el personaje y que acaba con su propia conclusión sobre los hechos narrados. Sin embargo, no es nada dificil ver que no es Hopkins, o ni siquiera un narrador, quien nos habla. Es el propio Stone.
Alexander, a diferencia de Gladiator, Braveheart, Troya u otros films recientes que han tratado temas históricos desde una perspectiva épica, se centra mucho más en las complejas personalidades y ambiciones de sus personajes. En este sentido, parece que Stone realiza una biografía de Alejandro Magno como Schaffner la hizo de Patton (película con la cual Alexander tiene ciertos pararelismos). Pero donde Schaffner triunfaba, mostrando un personaje complejo, sin escrúpulos, engreído pero a la vez educado en la cultura clásica y que se creía un hombre del renacimiento, Stone fracasa, mostrando un Alejandro Magno que más que un conquistador se muestra como un hombre obsesionado por llegar más allá de donde lo hizo su padre, mientras que mantiene una relación amor-odio con su madre.
Y por si ello fuera poco, Stone se complica aún más la vida dando un papel no estelar, pero sí importante, a su sexualidad, cuya relevancia histórica es ínfima (si la tiene) en comparación con su relación con algunos de los personajes con los que convivió (Aristóteles o el propio Ptolomeo, sin ir más lejos). En lugar de mostrar dichas tendencias de un modo sutil, como aparecían en films como Espartaco o la propia Ben-Hur, Stone rodea a Farrell de efebos que parecen salidos de una película de Visconti (con todos los respetos), con los que habitualmente cruza lujoriosas miradas. Una escena o incluso dos en que quedase manifiesta la bisexualidad del personaje hubiesen bastado, sobre todo en un film que se hace excesivamente largo y en el que había mucho que contar, pero Stone repite este tipo de situaciones constantemente.
Los personajes, comenzando por un Farrell incapaz de interpretar los aspectos más sórdidos del personaje, son puros estereotipos y resultan acartonados. La Jolie sale espectacular, pero el guión perfila su papel de manera unidimensional. Quizá sea Val Kilmer, sorprendentemente, el que mejor esté, dotando a su Rey Filipo de una gran fuerza, pero desgraciadamente sus apariciones son breves y esporádicas.
Pese a que la primera hora está razonablemente bien narrada y estructurada, Stone comete un error garrafal al negar la presencia de una escena que había de mostrar la transición de Alejandro a monarca en el lugar que cronológicamente le correspondía, por lo que cuando éste aparece como jefe supremo de sus ejércitos ya en la batalla de Gaugamela cuando en la escena anterior aún era el hijo bastardo del Rey Filipo, la narración se desinfla. Y se desinfla aún más por la incapacidad de Stone para la planificación de la batalla, en la que incluso necesita recurrir a los subtítulos para orientar al espectador. Desde dicho momento, el film inicia una terrible cuesta abajo únicamente mitigada ocasionalmente por su brillante diseño de producción y sus localizaciones, pero que no evita el tedio con el que el público afronta una hora y media más de metraje de diálogos tan pomposos como vacuos y miradas lascivas.
En definitiva, Alexander me parece una película con demasiados defectos y problemas, tanto narrativos como de caracterización de los personajes, y pese a que el intento de Stone es loable por su evidente riesgo, creo que falla en sus propósitos de manera lastimosa.
P.D. de Vangelis mejor ni hablamos.
Saludos.
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