La peli también dice entre líneas todo lo contrario. Su mejor amigo y compañero en la música se rindió y se suicidó mientras él sigue luchando. Las mujeres que le acusan de irresponsable y de abusar de ellas le manipulan, le ocultan sus intenciones e incluso le obligan a pagar un aborto de un hijo que puede ser de, al menos, otros tres tipos distintos, según dice la peli. Lewis en todo momento lucha por mantener su dignidad como artista. Actos que parecen estúpidos, como renunciar a los royalties de una canción graciosa sobre Kennedy, no lo son tanto si comprendemos que su nombre no queda asociado a una canción supercomercial que puede perjudicar a su prestigio como artista folk... y que Kennedy morirá asesinado dos años después.... Su negativa a integrarse en un grupo comercial viene más motivada por su respeto a la memoria de su amigo muerto que a otra cosa. El gato representa su capacidad para la lealtad y la responsabilidad, torpe pero sincera, que llega a límites absurdos. Cuando abandona al falso gato, la culpa le atormenta en forma de un posible atropello nocturno del mismo gato, que es del todo improbable.
Y el final también es ambigüo. Gracias a que renuncia al pasado y su hermana tira todos sus papeles, no puede volver a su antiguo trabajo. No le queda más remedio que seguir tocando, aunque la noche anterior, presa de la amargura, insulta a una pobre señora (interpretada por una verdadera cantante folk). A la noche siguiente hace la que parece ser su última actuación, pero esa misma noche está tocando Bob Dylan, lo que dará lugar a una época dorada del folk en todo el mundo y, presumiblemente, la posibilidad de que Lewis, sin llegar a ser una gran estrella, se gane, por fin, la vida dignamente con su música y sin traicionarse a sí mismo. La figura del hombre de negro que le da la paliza, es quizás su castigo ¿divino? por dudar de su destino, de ese extraño, caótico y confuso PLAN que, quizás, se esconda detrás de todas sus desventuras.